jueves, 19 de noviembre de 2015

PARANOIAS

Le contesto a mi hermano sobre si la paranoia actual con los atentados de París está o no está justificada. Escribo desde el convencimiento de que no estoy frivolizando.

Por supuesto que creo que no está justificada. No es que no exista el terrorismo, no es que no mate, ni que no tenga un carácter de especial gravedad, ni que no sea un fenómeno desgraciadamente en auge, ni que no le pueda tocar a cualquiera. Ahí están los hechos.

Le puede tocar a cualquiera cualquier cosa: desde un accidente de bicicleta hasta que un tiesto le caiga en la cabeza, pasando por que le parta un rayo (algo mucho más probable). Que yo sepa, no hay especiales paranoias contra los rayos, los tiestos o las inocentes bicicletas, que cada año matan a miles de personas en todo el mundo.

Lo que yo digo no tiene nada que ver con la gravedad e injusticia de los hechos acaecidos en París, Líbano o Mosul, ambas extraordinarias, pero los argumentos sobre la teoría del miedo no resultan comunmente aceptados, a pesar de dictarlos el sentido común, y entonces el debate se sitúa en un discurso de mesa camilla que entonces sí parece verdaderamente peligroso. Y da miedo.

Porque en ese caldo de cultivo te las cuelan todas: desde la invasión de la avispa asiática de la que nos habla Michael Moore en Bowling for Columbine, hasta las fresquísimas declaraciones (de hoy mismo) del ministro del interior francés, Manuel Valls, en el sentido de que los terroristas podrían estar preparando temibles armas de destrucción masiva bacteriológicas o químicas (o podrían estar preparando un plumcake en su piso franco del barrio de Saint-Denis, por supuesto).

Recordemos aquí al inefable, cuando decía eso de "pueden creerme; en Irak hay armas de destrucción masiva". No había, bueno, ¿y qué?

Recordemos también al Sr. gobernador de California, Gray Davis, demócrata, tras el atentado de las Torres Gemelas de 2001, asegurando poseer información contrastada de que los terroristas iban a atentar (como si solo se tratara de sentarse a esperar) contra el Golden Gate de San Francisco en los días inmediatamente posteriores a la crisis y me parto de risa (por no llorar de pena). Eso sí que da miedo.

Los terroristas, ya se sabe, van a los lugares especialmente vigilados, justamente ahora que la última moda es el chaleco de trilita, y se inmolan tranquilamente en todas partes y a todas horas, allí donde les viene en gana. Ahora todos somos su objetivo. Las radios y las televisiones nos releen el precioso poema de Martin Niemüller, erróneamente atribuido a Bertold Bretch:
 
 "Primero apresaron a los comunistas, y no dije nada porque yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada porque yo no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se llevaron a los católicos, y no dije nada porque yo era protestante.
Hoy vinieron por mí, pero ya es demasiado tarde."

Y es que la capacidad del terrorismo es fundamentalmente dialéctica, es decir, es la capacidad de imponer un determinado discurso con una determinada intención poniendo los muertos encima de la mesa. Yo tengo esto, ¿qué tienen ustedes?. De ahí su nombre, que se refiere expresamente a su intención de provocar terror, miedo entre la población, y condicionarnos así de una forma significativa.

Traducción: registros indiscriminados sin orden judicial, confinamiento de sospechosos, control de fronteras, policías armados en sus horas fuera de servicio, arcos de seguridad, detenciones de sospechosos, control, control, control. Y la gente contentísima, acojonadísima y pensando en la tranquilidad (ficticía, por lo tanto) que dan esas medidas. Es la paradoja de "metannos miedo para que estemos tranquilos". Las sociedades occidentales acogen ese miedo como una herramienta de control so pretexto de "garantizar nuestra seguridad".

Hoy hablaba un locutor de TV en los siguientes términos: "la gente pasea tranquila de ver tanta seguridad, pero un poco intranquila de ver a tantos policías nerviosos y con tantas armas". Pues si que estamos buenos.

Y lo cojonudo es que te encuentras con que con este discurso está de acuerdo, lo mismo un tipo que se dedica a hacer parapente, que otro que va a 150 km/h por la carretera con toda la familia dentro del coche.

De lo que nadie habla es de los 36 muertos en atentado ayer mismo en Siria o los 57 de anteayer en Líbano, donde no existe una modificación sustancial del debate sobre seguridad.

La gente me pregunta cada dos por tres si no me da miedo trabajar con 14 jóvenes magrebíes residentes en nuestro centro de acogida. Dices que no y no te creen, los muy gilipollas. Deben de pensar que mentimos o que padecemos el síndrome de Estocolmo.

Una sociedad con miedo es muy moldeable: te hacen pasar por el aro, literalmente (arco de aeropuerto), pero es mucho más fácil morir de diarrea en Egipto que a consecuencia de un atentado terrorista, por mucho que casi te haya tocado cuando estuvistes en el Sinaí en las últimas vacaciones. De hecho, en aquel tiempo, era mucho más probable morir en un atentado terrorista en Euskadi que en Egipto. 

Y así, siguiendo el hilo y en cuestión de violencia de género, con casi 100 muertes al año en nuestro país, hay que recalcar que todavía hoy es el día en que no hay una ley integral contra este tipo de terrorismo, mucho más dañino en términos absolutos. Se trata de pensar un poco en cómo dimensionamos la información que recibimos.

Cuando ocurre un maremoto todo el mundo conoce a alguien que estaba allí; cuando hablamos de accidentes de tren, siempre hay alguien que tiene un amigo que tiene un amigo que estaba allí. Yo mismo conozco una chica chilena que trabajaba en Haiti cuando el terremoto de Haití; que fue evacuada a Chile y le cayó de pedrea el terremoto de Chile. Para volverse loca. Y cuando hay un atentado, nos pasa tres cuartos de lo mismo: todo el mundo conoce a alguien.

Conviene recordar, y esto siempre me ha llamado la atención, que existe una teoría que dice que estamos a seis pasos de cualquier otro ser humano del universo mundo, incluyendo por supuesto, famosos y celebridades, desde el presidente de los Estados Unidos hasta el Papa, pasando por Bob Dylan o Justin Bieber. Se llama probabilidad y se estudia en matemáticas de la ESO.


¿Cuántos inmigrantes había en España en el año 2000? Menos de un millón. ¿Nos acordamos de los sucesos racistas de El Ejido, Almería, España, año 1999, en los que se aventaron todas esas mentiras contra los inmigrantes y toda aquella sicosis colectiva sobre el carácter invasivo de la emigración del estrecho de Gibraltar? Ahora hay 4,7 (y bajando, a pesar de los repuntes actuales) ¿Qué han hecho los inmigrantes desde entonces? Aumentar el PIB un 3% anual los siguientes 8 años, hasta que llegó la crisis. Y ahora con los refugiados volvemos a la casilla de salida, en un momento en que nuestro país necesita savia nueva y mano de obra especializada.

Y a monseñor Cañizares, por ejemplo, por razones muy concretas, solo se le ocurre decir que no son "trigo limpio"-. Y luego está el mocetón ese del PP catalán...

Mezclamos todo en la batidora: inmigrantes, yihadismo, Isis, trigo limpio y nos sale el coctel perfecto para tenernos pegados a la telebasura.

Nos da miedo montar en avión, pero objetivamente es el medio de transporte más seguro. Nuestro miedo tiene una base subjetiva. Imagínate si lo aventamos. Es lo que ocurre cuando te sientas en un avión junto a alguien que tiene miedo a volar y le explicas lo que pasaría ("¿te imaginas...?") con pelos y señales, si a los motores del cacharro en el que está a punto de despegar les diese por estallar a la vez, jajaja, que risa María Luisa. Se cagaría de miedo.

Es como si a alguien que está con la mosca detrás de la oreja con esto del terrorismo le cuentan que han encontrado un arsenal en un piso franco que "se te ponen los huevos de corbata". Ocurre exactamente eso: que te los pone de corbata.

Parece que los terroristas son sofisticadísmos malvados capaces de construir una bomba atómica con cuatro cosas que recogen de un contenedor. No se dice que los dos suicidas del estadio de Saint-Denis, no lograron entrar en el recinto porque no tenían un plan viable, eran unos chapuceros y unos inútiles y que, con un cinturón de bombas nuevecito y un estadio a rebosar, sólo consiguieron matarse ellos y a un pobre hombre que pasaba por allí. Menudo éxito. No se dice que la extracción social de estos chicos es la que es, que da pena morena y que lo mismo se agarran a un Kalasnikov que se dedican a fumar canutos en la puerta del instituto o las dos cosas a la vez. No, que va. Salah Abdeslam es el Dr. No. Y 007 sin aparecer.

A mi estas cosas me dan que pensar.

Y sobre todo creo que este discurso está haciendo muchísimo daño a la millonaria minoría musulmana de toda Europa, por ejemplo, a la que se detiene preventivamente y se humilla públicamente y se obliga a justificarse permanentemente. Porque se le "coge miedo" y eso, etimológicamente, no es otra cosa que xenofobia. Y la xenofobia ya sabemos a qué conduce. Ósea que cuidadito con dejar aventar nuestros prejuicios y nuestros miedos, que luego no hay quien los pare.

Voy a contar un chiste para que los predispuestos se me lancen a la yugular: "Anuncio por palabras: Taliban con ciclomotor, se ofrece para pequeñas demoliciones". Ante la desgracia, el horror y la injusticia, la respuesta serena y liberadora de la risa. Por respeto a los muertos.

lunes, 16 de noviembre de 2015

EL DESENCANTO DE LOS PANERO



Ayer vimos el documental "El Desencanto", rodado en 1976 entre Astorga y Castrillo de las Piedras (León) por Jaime Chávarri y producido por Elías Querejeta, en el que aparecen, sucesivamente y en primera persona los trágicos testimonios de las trágicas vidas de la extinta y trágica familia Panero: la madre, Felicidad Blanc (1913-1990), esposa del poeta falangista Leopoldo Panero (m. 1962 y omnipresente a lo largo de todo el metraje), y los hijos: Michi (1951-2004), Juan Luis (1942-2013) y Leopoldo María (1948-2014).

La película es el retrato de una familia acomodada de la época, culta y pudiente, decadente y en descomposición, donde la hipocresía y la apariencia, el autoritarismo y la crueldad se hacen transversales, pero en la que también se presentan la ternura soterrada, el humosr y la astracanada, la provocación y la sinceridad desprovista de aditivos. La película es también el retrato de una época y una clase social que se venía abajo, al tiempo que lo hacía el régimen que fue su caldo de cultivo, devorada por sus contradicciones.

A Leopoldo María le pudimos escuchar, hasta hace relativamente poco, en la "Tertulia de los locos" de Xavier Sardá, en su programa La Ventana de la SER, antes de que se hiciera cargo del mismo Gemma Nierga. Hablaba con la misma loca lucidez que en el documental de Querejeta, con la misma voz gangosa y sonada que entonces, con la misma sinceridad descarnada y sin concesiones, desde el sanatorio siquiátrico San Juan de Dios de Mondragón (Arrasate, Gipuzkoa), el mismo en el que Michelle Angiolillo Lombardi había asesinado, el 8 de agosto de 1897, al presidente de gobierno español Antonio Cánovas del Castillo cuando el establecimiento se regentaba como Balneario de reposo y aguas medicinales de Santa Águeda. Otro anarquista.

Para entonces, Leopoldo María ya se había convertido en representante incuestionable del malditismo poético del tardofranquismo y era ya un consagrado poeta, traductor y ensayista, miembro, desde finales de los 70, de "Los Novísimos" de José María Castellet y autor de una extensa obra aclamada por la crítica especializada desde finales de los años 80. Paralelamente, su vida había transcurrido entre la cárcel (por su activismo político de izquierdas desde antes de la muerte de Franco) y los sanatorios siquiátricos, entre la sagacidad y la demencia, entre el alcohol y todo tipo de drogas.

De alcohol y drogas hablaba abiertamente, como de una historia de amor trágica e inevitable. En 1990 publicó un estremecedor poemario dedicado por entero a la heroína.

Alcohol, drogas y enfermedad mental que acompañaron también al padre, Leopoldo, y a los otros dos hermanos, Juan Luis y Michi. El suicidio, que ninguno llegó a consumar, el humor descarnado, la sinceridad redentora, sin concesiones, de la que hacen gala madre y hermanos al enfrentarse a sus adicciones, sus relaciones personales y el ajuste de cuentas de su historia familiar, y la poesía salvaje y despiadada, única válvula de escape a la alternativa de la enfermedad siquiátrica. Y por encima de toda la familia, la figura del padre -ausente pero permanente-, su autoritarismo y su filiación con un régimen que devoró a una estirpe de clase acomodada y culta, pero en permanente decadencia y contradicción.

En ellos, la ternura se disfraza de sinceridad radical, pero el reproche se desviste de odio y el ajuste de cuentas se maneja a través de las sonrisas, el reconocimiento mutuo, la autocrítica, la búsqueda de la belleza en la tragedia existencial y en la sordidez de la vida. Y sin absolutamente ninguna concesión de índole sentimental.

Juan Luis, el más cosmopolita de los tres hermanos, viajero y vividor, también publicó un extenso poemario, Felicidad Blanc, la bellísima, la encantadora y granítica madre, un libro de memorias de aquella época: "Espejo de sombras"; y Michi, el pequeño y entrañable Michi, poeta sin obra, columnista, ensayista y vividor.

Felicidad murió en 1990. A su muerte, en 1994, el cineasta Ricardo Franco, filmó "Después de tantos años", una continuación de la reflexión de los Panero en película de Chávarri. Tras la desaparición de Felicidad, lo hicieron, de cáncer, Michi (2004) y Juan Luis (2013). El último en partir fue Leopoldo María. Se había marchado desde Mondragón al manicomio del Dr. Rafael Inglott, como él lo llamaba, en la Unidad Siquiátrica del Hospital de Las Palmas de Gran Canaria.

La vida, como decía Michi, era un error. Quizá el contacto con el tormento prolongado, buscado y rebuscado, la enfermedad mental, el coqueteo con la muerte del que presumía Juan Luis, la búsqueda de la estética en la sordidez de la que nos habla Leopoldo... sean un hipnótico y bellísimo error anterior.

La madre, recitando versos de memoria, melancólicos versos de una época ya perdida, en su expléndida y estoica lucidez, quizá fuese la antesala de tanta locura, de tanta belleza, de tanta terrible humanidad, de tanta insoportable ternura y de tanto entrañable sufrimiento.

La triste sonrisa del joven viejo Leopoldo María, la descarada timidez de Michi o la astracanada permanente e impostada de Juan Luis quizá fuesen también un insólito guiño a la vida camino de la muerte.

"La vida es mucho más lineal y sórdida de lo que queremos creer y uno se olvida siempre de la última parte de cada noche o de cada borrachera. Lo que es un error es vivir" 
Michi Panero.


viernes, 13 de noviembre de 2015

FOTOGRAFOS DEL DESASOSIEGO

La exposición del Museo de San Telmo "Hain urrun, hain hurbil / Tan lejos, tan cerca" es un recorrido por el documentalismo fotográfico español de los años 70 que pellizca los 60 y los 80 con una contundencia asombrosamente lejana por olvidada y a su vez, cercana por reconocible.

Koldo Chamorro, Cristina García Rodero, Cristóbal Hara, Fernando Herráez, Anna Turbau y Ramón Zabalza recorren una época de negrura social y de miseria cultural a lo largo de los últimos años del tardofranquismo. Con una rotundidad salvaje, retratan un país rural y miserable, tradicional y marginado. Por sus fotografías desfilan chabolas de gitanos y procesiones, cementerios y niños harapientos, máscaras y carnavales, oscuros talleres y oficios olvidados, enfermos y ataúdes, oropeles de novia y vestidos de comunión, vidas arrasadas y vidas analfabetas, supervivientes y maleantes, mataderos y escombreras, pasiones y ternuras, rabia y dolor, en el tránsito de una España popular y verdadera, tradicional y atrasada, chusca y agraria, chabolista y perversa en su camino hacia una incipiente industrialización.

Las fotografías, ancladas en la vardadera y mágica pasión interior de los personajes fotografiados, no dejan de producirnos un desasosiengo hipnótico que, de algún modo nos impulsa a desear no haber acudido a la sala del museo, pero que en su conjunto rezuman de una belleza poética incuestionable. Cada una de las fotografías de esta exposición son un trozo de un mosaico tierno y hermoso, desnudo y vulnerable, triste y a la vez cargado de humanidad reconfortante, que dibuja una época lejana y, al mismo tiempo, estremecedoramente cercana.

LAS ÚLTIMAS HORAS DE MUAMAR GADAFI

Interesante novela la de Yasmina Khadra sobre la última noche del Rais Muamar Gadafi.

Un retrato descarnado de la cosmovisión de un tirano sanguinario. Un intento de explicar su deriva, desde la revolución que siguió al golpe de estado y derrocamiento del monarca Idris I en 1969, hacia la aniquilación total. Un relato que culmina con su captura en el interior de una tubería de obra cuando trataba de huír de Sirte. Una huída fracasada. Un desesperado intento de escapar a los controles rebeldes que habían sumido en el caos absoluto a la ciudad y que concluyó después de que arrasasen el convoy en el que trataba de huír junto a su hijo Mutasim y un puñado de seguidores armados.

Escrita en primera persona, como si fuera el propio Gadafi quien hablara, reconstruye la demencial evolución del hijo bastardo de un clan de pastores hasta su conversión en uno de los más crueles dictadores de la historia contemporánea. Rebuscando entre los hechos conocidos de aquellas últimas horas del hermano Guía, es el propio Gadafi quien nos habla de su adicción a la heroína, de sus amazonas guardaespaldas -a la vez guardias personales y esclavas sexuales-, de sus delirios de grandeza, de su sentimiento de predestinación, de su progresivo endiosamiento, de su absoluto alejamiento de la realidad.

Así, Gadafi, salvador de su pueblo, se siente traicionado por él. Implacable, se separa de su destino, reniega de él y lamenta no haber sido más cruel, deseando su aniquilación. Khadra es un Gadafi que nos confiesa su personalidad colérica e implacable, vengativa y sádica, visonaria y desquiciada.

Soberbio, narcisista, delirante, mesiánico, febril, arbitrario, megalómano, déspota iluminado, extremadamente cruel y extremadamente débil, un alma sombría, desmesurada y angustiada a partes iguales, así era Muamar Gadafi, el hermano guía, el Rais que se perdió en la ficción en la que convirtió su vida y la de millones de libios durante décadas.

Su madre le dijo un día: "Sólo escuchas por una oreja, con la que atiendes de buena gana a tus demonios mientras la otra hace caso omiso de la razón".

Quizá por eso mostraba un hipnótico interés por el autoretrato que Van Gogh, el loco del pelo rojo, se hizo tras cortarse una oreja en uno de sus últimos arrebatos de locura.

La misma locura en la que murió linchado por los imberbes soldados rebeldes de otra revolución...


miércoles, 11 de noviembre de 2015

JÁNOVAS Y LA LLUVIA AMARILLA

Desde hace más de una década, pasamos, todos los veranos, una semana o dos en el pueblecito pirenaico de Fiscal, a los pies del parque Nacional de Ordesa y del Sobrepuerto, el lugar de Ainielle, el pueblo que inmortalizara Julio Llamazares en La Lluvia Amarilla, ese amargo y bellísimo retrato de la desaparición del mundo rural.

Jánovas se encuentra justo en dirección contraria, pero en el mismo valle, el del río Ara. El Ara es el último río virgen de la piel de Toro, desde su nacedero hasta su desembocadura en el río Gállego, a la altura la medieval Ainsa.

Pero esta característica singular estuvo a punto de desaparecer en 1961, cuando el decadente régimen franquista se empeñó, en plena época de lo que se ha conocido después como el Desarrollismo, en inaugurar infraestructura tras infraestructura, singularmente pantanos, para dar satisfacción a la oligarquía dominante de la época: la gran empresa. Iberduero (luego Iberdrola, ahora Endesa), por ejemplo.

Así, en la bellísima cerrada de Jánovas, con su flysch a la vista y su hermoso río recorriendo el fondo del cañón, los ingenieros del Régimen vieron la estructura perfecta para un presa imperfecta, una presa que nunca se hizo porque nunca hubiera podido hacerse ahí, según dictan los informes medioambientales que impusieron a la postre la racionalidad. Aquellos pigmeos mentales soñaron una estúpida e imposible infraestructura y la entrada de unos miles de kilowatios a sus cuentas corrientes a costa de los vecinos del apacible y pacífico pueblito colindante.

Y los vecinos, de manos encallecidas y rostros curtidos al sol, dijeron no.

El documental que presentó Jordi Evole el día pasado en Salvados, recupera la trágedia de la expropiación mafiosa de aquel pueblo, de su destrucción y la represión que se ejerció contra aquellos hombres y mujeres sencillos; recupera y descubre la vergüenza que, aun hoy en día arrastra Endesa, o como se llame la compañía vampírica cuyo cuasi monopolio seguimos sufriendo muchos ciudadanos de este país y que continúa cobrando cantidades millonarias a los vecinos que quieren revertir sus propiedades y volver al pueblo, así, con dos cojones.

Endesa, que declinó la invitación para aparecer en el documental.

Un documental que es también un canto emocionado a la dignidad humana, a la humanidad de las gentes de corazón sencillo, a la resistencia tenaz ante la injusticia y a la dignidad por encima de cualquier otra consideración. Es un canto emocionado y emocionante a lo mejor del ser humano... puesto en contraste con la miseria abyecta de quienes perjeñaron, planificaron y pusieron en práctica semejante despropósito.

Las figuras de Tony Garcés, Francisca y Emilio Garcés y la del íntegrísimo Juan Luis Muriel, secretario general de Medio Ambiente en la época de la inefable Isabel Tocino, se elevan heroicamente y ya, desde el documental de Salvados, para siempre, como ejemplo de dignidad humana y lucha por la justicia, frente a las miserables maniobras de miserables lacayos de la oligarquía lárgamente dominante. 

Para echarse a llorar, pero de emoción.

martes, 10 de noviembre de 2015

LA ORACIÓN DE UN CINCUENTÓN


Señor, voy a cumplir 50 años.

El abismo debería abrirse ante mi. Mi tendencia al sobrepeso es directamente proporcional a la pereza que me da calzarme las zapatillas de correr. Hemos llegado a la cima hace tiempo. No ha estado mal; un esfuerzo de la leche, por decirlo todo. Sobre todo en las crestas de la adolescencia, tan lejanas a estas alturas.

Como todo, tiene ventajas e inconvenientes. Cuesta abajo uno va sobrado: puedes meter los rollos que te dé la gana y, normalmente, los jovenzuelos ¡te escuchan! (o disimulan de cine). En todo caso, te la trae al pairo. Tú a lo tuyo, martillo pilón. Por el contrario, ahora, los meniscos aguantan peor el traqueteo de las piedras, el resuello perdido vuelve en casi todos los repechos y al día siguiente te vas al spa. Porque tienes pasta y te lo puedes permitir. Ahí queda eso.

Mientras tanto, los veinteañeros, los treintañeros e incluso los cuarentones, no se enteran de la fiesta (no como tú, que a estas alturas ya eres clarividente). Están dejándose su testosterona en plena cuesta arriba, a ver quien puede más, a ver quién la tiene más grande, y sueñan con triunfos fantásticos que, normalmente, tampoco llegarán. No todos, claro, pero muchos son tan felices que caminan en línea recta, sin sortear los obstáculos, atravesándolos directamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Para ellos son los tiempos del “no me entero de nada pero quiero un Golf GTI. GTI y rojo”.

Y al mismo tiempo, tú, con tus cincuenta alrededor del ombligo, te haces más cínico, más descreído. Te importan otras cosas (especialmente aquellas que no se logran con el cuerpo). Aunque, ojo, sigues siendo un máquina y piensas morir con las botas puestas (el año que viene te apuntas a la Behobia y sin despeinarte. Bueno, ya veremos).

Curiosamente, también te gustan determinados traseros, a poder ser grandes (apretados en el caso femenino, creo). El asunto no va mucho más lejos, porque simultáneamente tu cerebro trabaja para traerte a colación la fábula de la zorra y las uvas: ¡Están verdes!. Maldito Esopo. Y una pastillita azul que revolotea entre tus ensoñaciones. Todo un campeón.

Así las cosas, comienzas a diversificar tus intereses: ahora te gusta más leer, nadar a tu ritmo, en soledad, estar sólo, en silencio o marcarte un Hommer Simpson de vez en cuando (sofá, cerveza, etcétera). También te gusta pasear con ella, en tranquila compañía, retomar las viejas amistades, perdonarles cosas que juraste no perdonarles -ser compasivo en definitiva, porque tú también necesitas ser compadecido-, charlar de poesía, sin pedantería (si es que ello es posible), o de filosofía, o de la trascendencia… o de la vida misma.

Claro que meterse en este jardín a los cincuenta significa que se te revienta la fe carbonera de tu primera juventud y ahí te las compongas, entre el cero y el infinito, tratando de casar el pensamiento racional y tu cinismo creciente, con tu presencia, Señor, tan y tantas veces difuminada. Quizás ahora, más difuminada que nunca. Crisis de fe, le llaman. Lo típico. Pero en medio de la melopea, cuatro blasfemias que ahora sueltas ya sin pudor, el pensamiento existencial-racional-empírico-de vuelta de todo (pack completo), una llorera y un perder el pie, el mismo run-run de siempre que por detrás (o por algún lugar adimensional) te dice: “no todo está perdido: sigue buscando pedazo de bruto”.

Con veinte, con treinta, eras un idiota triunfador que se comía el mundo y se la pegaba contra la misma piedra una y otra y otra vez, sacando pecho y disimulando el dolor que los golpes dejaban en el cuerpo, en el alma y en el corazón. “Mira la ceja que me acabo de partir, soy the fucking master of the universe”.

Con cincuenta somos igual de idiotas, pero ya no sentimos el dolor en el alma -nos damos un golpe en la espinilla y aullamos como si Saturno nos estuviera devorando- porque la tenemos en barbecho, cuestionada, y porque, sinceramente, Señor, ya sabemos que somos idiotas. E incluso, hemos llegado a descubrir que esa idiotez congénita es nuestra única y verdadera vía de conocimiento: lo que no sabemos y, ahora sí, queremos saber.
A decir verdad, es un descubrimiento que no se le puede pedir a todo el mundo. Los idiotas al cuadrado mueren felices directamente, saltándose el paso anterior.

Eso, o dejarnos absorber por el Misterio (gracias Javier Cortés).

Así que, como el cuerpo no nos sigue al ritmo que nos gustaría, muchas veces sacamos el corazón a pasear y, salvo que seas Hugh Hefner o Karl Lagerfeld, nos hacemos más sobrios[1], más tolerantes (¡ejem!) y, algunos incluso, más cariñosos.

Y más condescendientes, porque tomamos conciencia de nuestra finitud. De todos esos proyectos que ya no van a poder ser, de todos esos lugares que no vamos a conocer, de la cantidad de libros que nos van a quedar por leer (incluso si nos hemos leído el Ulises en un acto de autoafirmación tipo: “por mis pelotas”), de la cantidad de ellos que va a ser que no…

El abismo debería abrirse ante mi. Los miedos afloran constantemente: la fragilidad de la vida, el naufragio de la cosmovisión teológica que por años nos ha sostenido, las pérdidas irremediables, el dolor, el del alma y el del cuerpo y al final de la dulce bajada, la parca esperando junto al manantial.

¿He dicho “cosmovisión teológica”?

Ni me imagino lo que tiene que ser la sesentena y más allá.

Pero Tú, Señor, estás ahí, entre Tú y yo, conmigo, creo que en lo recóndito de mi ser, de mi corazón, como repetíamos hace ya tanto en el viejo salmo, insuflando una esperanza que trasciende la tragedia de la vida, la naranja que nos comemos cuando ya no nos dan los pulmones para remontar la loma del fondo. Tú, el Único, el que lo llena todo, el que nos hace ser, el que nos abraza en la oscuridad absoluta con un amor infinito. Una naranja en el campo de amapolas.

Tú, Señor, si es que existes.

Y sólo por eso repito, aferrándome a un clavo ardiendo: “creo en ti, confío en ti, te amo”. Porque tu mensaje sigue siendo profundamente liberador y su experiencia, su presencia hecha vida en mi vida, la única y paradójica certeza. Jesús, El Evangelio, la buena nueva. Lo que tú me digas.


Así que, volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre (por Jesús) es pecador.
Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
(Jn 9, 24-25) 
 
Señor, creo en ti, confío en ti, te amo.


“Ser cristiano no consiste en entrar –para quedarse- en un determinado edificio teológico, por muy bien construido que esté, o por muy sólido que sea. Ser cristiano significa decir sí a Jesús y al estilo de vida que él nos propuso mediante su práctica cotidiana. A partir de ese “sí”, y en el proceso de caminar siguiendo la justicia y la misericordia, vendrá el encuentro con lo transcendente, con lo que no entendemos, con lo que sólo intuimos… el encuentro con el Dios, padre de Jesús.

(Ignacio Simal Camps)

 Padre nuestro


[1] Pienso en algunos nombres de nuestro elenco político patrio y se me desmonta el discurso de arriba abajo. Ya perdonaréis.

miércoles, 21 de octubre de 2015

ÁRBOL DE LA VIDA Y DE LA MUERTE (I). TRÍPTICO DE LAS NARANJAS Y LAS AMAPOLAS


Árbol de la Vida y de la Muerte (I)

Tríptico de las Naranjas y las Amapolas


(collage, técnica mixta sobre  cartón (26,5x10 + 26,5x20 + 26,5x10), Donostia 2011)



Vida, muerte, vida. Mariposas que en seis horas despliegan toda la  belleza, efímera, gratuita, y luego mueren. Tierra húmeda, olorosa,  verde, rota, reseca, cenicienta. Nave que ha de partir. Naranjas de  Gandía, de Cullera, del olor a azahar de la Semana Santa, de la huerta,  de la acequia. Amapolas de trigo verde, de cunetas, de llanuras de  Castilla, de los puentes que reflejan con luz de plata la luna  menguante. Amapolas de los cementerios. Efluvios tentadores, placeres,  sabores, tentaciones. Fruta roja, madura, aterciopelada, refrescante.  Sol. Paraíso perdido, pérdida, duelo. Vacío amenazante, agujeros;  misterio insondable, absurdo. Absurdo que todo lo conforma, que todo lo  impregna, que repta entre bastidores; pero también absurdo liberador,  absurdo que dota de sentido (para entender el mundo, mejor el misterio).  Símbolos salvíficos, amuletos, mal de ojo. Música, infancia, luz (y un  último momento de lucidez a la sombra del castaño). Verde y negro, negro  y rojo, rojo sangre, negro muerte, vida, muerte, vida.


domingo, 11 de octubre de 2015

HUEVO COMO OBITUARIO

Por si fuéramos pocos, pare la abuela y Quique Dacosta nos presenta su jardín lleno de semillas, brotes y germinados chorras (kalanchoe, tagete, rompepiedras y, por supuesto, brócoli) y nos informa, con la solvencia que le dan sus tres estrellas Michelín, de que "es inevitable que tu vida influya en tu menú" y lo dice por propia experiencia. Ha cocinado el luto por la muerte de su hermano creando un amargo pero exquisito "huevo entre cenizas" y así pasa las tardes de duelo. Menos mal que su nuevo amor le ha llevado a sacar de sus cazuelas un "algo mucho más floral, abierto y luminoso" (¿?). Mirándolo bien, a mí, mi estado de ánimo me dirige última y directamente al bocata de chorizo de Pamplona y a la tableta de Milka. Cuestión de cultura y sensibilidad, que hay mucho paletillo por ahí suelto...

jueves, 1 de octubre de 2015

SUEGRAS

Me acaba de llamar mi querida suegra, 94 años y con la cabeza perfecta. Ahora que estoy con esta baja tan engorrosa (me caí en una zanja y me lesioné la rodilla, nada especialmente grave), me llama todos los días para preguntarme qué tal me va. Cada día.
Creo que nosotros, jovenzuelos, en nuestra vorágine cotidiana de "gente muy ocupada", no llegamos a ser conscientes de todo el cariño y amor desinteresado que ponen en juego nuestros mayores que, cuando envejecen como es debido, dan lo mejor de sí mismos gratis y de corazón, mientras que frecuentemente reciben de nosotros cariñosos reproches y estúpidas miradas de conmiseración. ¡Cuántas veces tendremos que pedirles perdón, un perdón que ni se les pasa por su imaginación solicitar!. Si nos parásemos un minuto a fijarnos en lo evidente... ¡Dios mío, qué precioso regalo!¡cada día! Querida Conchita, va por ti. Te quiero mucho.

MÁS ALLÁ DE LA FRIVOLIDAD

Ahora que estoy de baja (nada especialmente grave ni que no se cure con un poco de reposo), me he dedicado en parte a hacer un poco de lo que no hago habitualmente: zapping. Tampoco mucho, porque el otro día me tropecé con el programa de Jesús Javier.¡Qué didáctico! En los primeros (y únicos) cinco minutos descubrí que entre la frivolidad y la estupidez sólo hay un Kiko Matamoros.

martes, 29 de septiembre de 2015

PATRIA Y POESÍA

Patria. Estiro y retuerzo su contenido. Plural de padres. Término referencial que alude a las sociedades grandes. Una de esas palabras tan peligrosas del diccionario, no por su carcasa, sino por los diferentes explosivos con los que puede dotarse su significado. Leo y releo sobre ella. Trato de comprender lo que de racional alberga y me siento arrastrado por sus posibles contenidos de irracionalidad, por sus diferentes alcances. En último término, me pregunto si existen otros, más allá del manto de arbitariedad que parece envolverla. No lo tengo claro. Creo, sobre otras consideraciones, que incluye representaciones capaces de manejar peligrosamente los sentimientos, especialmente los de aquellos que no pueden o no aspiran a comprender su sentido, alguno de sus sentidos no prostituidos, o que, finalmente, son seducidos. Me pregunto cuanta gente ha muerto "por la patria" dejándose llevar confiada, ingenuamente, hacia el otro lado, con una sonrisa en los labios...

Así murió el poeta Rupert Brooke, en las trincheras inglesas, al comienzo de la Gran Guerra, proclamando en

El soldado


Si yo muero, pensad esto sólo de mí:
que allí donde me entierren habrá un rincón de tierra
extraña, que será para siempre Inglaterra.
El polvo generoso que ha de esconderse allí

el ser debió a Inglaterra que maternal le dio
flores que amar y sendas que recorrer, un día,
y un cuerpo todo suyo, pues de su aire vivía,
lo bañaron sus ríos y su sol lo curtió.

Y pensad que este pecho, de mal purificado,
hará con ritmo eterno, donde muera el soldado,
brotar los pensamientos porque Inglaterra es;

sus campos, sus rumores, ensueños de ventura,
y risas aprendidas de amigos, y ternura
en pechos que atesoran paz, bajo un cielo inglés.

Trad. Domingo Rivero

Pero también me vienen a la cabeza los versos terribles de los que sobrevivieron a aquel horror inenarrable de la I Guerra Mundial. Siegfried Sasoon (m. 1967), que marchó al frente con el mismo fervor que Brooke, al poco tiempo describió con todo el horror (fervor vs. horror) lo que veía en el escenario surrealista de las trincheras:

Suicidio en las trincheras

Conocí a un soldado raso
que sonreía a la vida con alegría hueca,
dormía profundamente en la oscuridad solitaria
y silbaba temprano con la alondra.
En trincheras invernales, intimidado y triste,
con bombas y piojos y ron ausente,
se metió una bala en la sien.
Nadie volvió a hablar de él.
Vosotros, masas ceñudas de ojos incendiados
que vitoreáis cuando desfilan los soldados,
id a casa y rezad para no saber jamás
el infIerno al que la juventud y la risa van.


Trad. Eva Gallud Jurado

Por último recuerdo a Wilfred Owen, amigo del anterior, que también había marchado orgulloso al frente y acabó escribiendo en el fango de la guerra que morir por la patria no era ni dulce ni honroso.

Dulce et decorum est

Doblados como viejos mendigos bajo bolsas,
Chocando las rodillas y tosiendo como viejas, maldecimos a través del lodo
Hasta darle la espalda a las condenadas bengalas
Y empezar a arrastrarnos a un descanso remoto.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos ya sin botas
Cojeaban calzados de sangre. Todos patéticos, ciegos todos,
Ebrios de cansancio, sordos incluso a los silbidos
De proyectiles decepcionados que caían más atrás.

¡Gas! ¡Gas! ¡De prisa, chicos! En un éxtasis de torpeza
Nos calamos torpes cascos justo a tiempo;
Pero alguno seguía pidiendo ayuda a gritos tropezando

Indeciso como un hombre ardiendo en llamas o cal viva.
Borroso tras los vidrios empañados y a través de aquella verde luz espesa,
Como hundido en un mar verde, lo vi ahogarse.

En todos mis sueños, ante mi vista indefensa,
Se abalanza sobre mí, se atraganta, se ahoga, se apaga.

Si en algún sueño asfixiante también pudieras seguir a pie
La carreta donde lo arrojamos
Y ver cómo retorcía los blancos ojos en la cara,
Una cara colgante, como un diablo harto del pecado;
Si pudieras oír, a cada tumbo, la sangre
Vomitada por pulmones de espuma corrompidos,
Obsceno como el cáncer, amargo como pus
De viles llagas incurables en lenguas inocentes,–

Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
A los niños que arden ansiosos de gloria
Esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.


Trad. Nicolás González Varela

Owen murió a siete días del armisticio, un 4 de noviembre, en el cruce del canal de Sambre-Oise, Francia. Su madre recibió la carta de pésame una semana más tarde, el 11 de noviembre de 1918, día del armisticio.

¿Existe un significado diferente para patria, patriotismo? ¿un concepto que pueda ser explorado al margen de batallas, banderas, himnos, consignas y estandartes?¿Existen otros sustantivos para tal concepto?

Ciudadanía. Me da por pensar en ello...

Epílogo: ...y de pronto caigo en la cuenta de que el envoltorio esconde otro caramelo que ya ha empezado a ser manoseado... Ciudadanos / Ciutadans...

viernes, 25 de septiembre de 2015

PIRÓMANOS

Irresponsables. Todos. Mediocres servidores del pueblo. Pena y vergüenza. Catetos.

El líder del PP en Barcelona ha querido desplegar una bandera española durante la diada castellera de la Mercè después de que los concejales d'Esquerra colgaran…
eldiario.es

sábado, 19 de septiembre de 2015

CULTURA VASCA CONTEMPORÁNEA

Estoy harto de futbolistas, pero de los cocineros y su buen rollito, hasta el gorro. Aduriz ha vuelto para presentarnos un nuevo "documental" con la "verdad" sobre el día a día en su restaurante. Con una cámara "empotrada" entre sus fogones. Qué interesante. Un documento esencial para que el mundo continúe dando vueltas. No te digo como aportación a la cultura vasca contemporánea. Andoni Luis: seguro que cocinas de puta madre, pero a mi me cansas no veas cuanto. Pesao.

sábado, 12 de septiembre de 2015

MENTIRAS INSOLIDARIAS

Va Maroto y dice que entre los refugiados que están llegando a Europa "están entrando miles de yijadistas". Como no hay ninguna evidencia (cero evidencias) de este hecho, como atestiguan diferentes agencias y organizaciones internacionales, Soraya Saénz de Santamaría le enmienda la plana al ex-alcalde y, sólo entonces, el hombre recula y afirma que sus declaraciones "no han sido demasiado afortunadas" (lo que suena a "estos son mis principios; si no les gustan, tengo otros"). El problema no es que sean afortunadas o desafortunadas; el problema es que no son opiniones, como él ahora quiere hacernos creer; el problema, su problema, nuestro problema, es que son mentiras. Son mentiras y entonces, en vez de reconocer que ha mentido, dice que han sido declaraciones "no demasiado afortunadas", como si no fuera él quien las dice, como si hubiera realizado un tiro fallido, como si hablara alguien por su boca, emitiendo opiniones al azar, como si no tuviera la responsabilidad pública que ostenta, como si de repente se hubiera convertido en un idiota vicario de no se sabe quién, de no se sabe qué.

Que Maroto es idiota ya lo sabíamos; aunque no tiene nada que ver, lo que a mí me sigue sorprendiendo en mi ingenuidad es que un gay, que puede casarse porque un gobierno -que por supuesto no es el suyo- decidió que los homosexuales pudieran hacerlo, contribuyendo así a que un colectivo minoritario viera reconocidos sus legítimos derechos, no comprenda que existen otros colectivos minoritarios que también necesitan de algo tan simple de entender como es la solidaridad, egoísta de mierda. No se podía callar, no. Por una puñetera cuestión de solidaridad, joder.

Y éstas sí que son opiniones no muy afortunadas.

jueves, 10 de septiembre de 2015

ORTZADAR

Un oasis llamado Ortzadar
diariovasco.com
Queridos amigos:

Os adjunto el enlace al reportaje que, de nuestro proyecto de integración, se publicó hace unos días en el Diario Vasco.

Aunque el mismo contiene algunas inexactitudes y el relato del percance que se relata al final es una versión libre y exagerada del periodista, sí sirve para hacerse una idea de lo que estamos persiguiendo.

Sin embargo, la idea-fuerza que quisimos transmitir -y que, visto lo visto, no conseguimos- era que, si bien los chicos con los que trabajamos son frecuentemente objeto de ayuda caritativa, en las condiciones adecuadas también pueden ser agentes de cambio y colaboración.

Así, la foto del joven realizando tareas de compostaje corresponde -y no se menciona en el diario- al compostaje de todo el barrio, es decir, a una tarea de servicio que el proyecto, del que los jóvenes de la casa son absolutos protagonistas, ofrece a todos los vecinos de Sorabilla.

De la misma manera, desde el proyecto Ortzadar estamos acometiendo toda una serie de actividades destinadas a contribuir al bienestar de todos los vecinos: cuidado de los árboles y limpieza regular del parque público, implicación en las campañas de participación ciudadana (en las que hemos conseguido, por ejemplo, que el ayuntamiento se comprometa a instalar en el parque una fuente pública y una mesa de ping-pong de piedra), participación en la organización de las fiestas patronales, implicación con la asociación de vecinos, dignificación del entorno, etc.

Estos jóvenes, en su mayoría de origen magrebí, tan habitualmente excluídos y denostados porque malviven en el filo de la navaja de la legalidad, de la dignidad y de la necesidad, son muchachos extraordinarios si se les ofrecen las correspondientes oportunidades. Tan extraordinarios al menos como cualquiera de nuestros hijos.

Os invito a cambiar la mirada cuando os crucéis con cualquiera de ellos o de otros como ellos; os invito a que penséis en el sufrimiento que acarrean a sus espaldas. Un sufrimiento alimentado de frustración, miedo y carencias de todo tipo.


Además: 

sábado, 5 de septiembre de 2015

MISERIA HUMANA

Frente a la reacción de la gente, que ve el horror en las interminables aglomeraciones de refugiados contra todo tipo de vallas, verjas y muros, la reacción de nuestros políticos y sus arduas negociaciones por las cuotas de personas, a las que tratan como unidades de cualquier otra cosa: cabezas de ganado, toneladas de pescado, de grano, de basura...
Si España cumple con la cuota impuesta por la UE de acoger a alrededor de 6.000 refugiados, tendrá que pagar, de sus arcas públicas, unos 50 millones de euros. Esa cuota ha sido objeto de interminables negociaciones entre el gobierno español y las autoridades europeas, creando la sensación, entre la ciudadanía, de ser un esfuerzo de dificil asunción. Las declaraciones de nuestro presidente de gobierno han tenido en todo momento este tinte de esforzado compromiso, casi imposible de digerir. Bien: el fichaje de Gareth Bale por el Real Madrid costó 30 millones de euros más. Como dijo un tertuliano en la emisora en la que escuché este dato: "Demagogia; es dinero que se paga desde la empresa privada, no es dinero de todos los españoles".

Dice el presidente de Hungría, en declaraciones de ayer mismo, que si no se les cierra el paso, vendrán, "decenas de millones" de extranjeros y (por si pudiera parecer un lapsus) "nos dejarán en minoría a los europeos". Goebbels no se atrevió a tanto.

Mientras tanto, Salvador Sostres, el último fichaje de Carlos Herrera en su estreno en la Cadena Cope, comentando la foto del inocente Aylan, el niño muerto en la playa de Turquía, apuntala: "Yo también tengo una niña de cuatro años. Esto debería reafirmarnos en las bondades de la democracia europea, de la propiedad privada (sic) y del capitalismo". Y Feliciano Fidalgo allí, en el estudio, tan tranquilo.