Por si fuéramos pocos, pare la abuela y Quique Dacosta nos presenta su
jardín lleno de semillas, brotes y germinados chorras (kalanchoe,
tagete, rompepiedras y, por supuesto, brócoli) y nos informa, con la
solvencia que le dan sus tres estrellas Michelín, de que "es inevitable
que tu vida influya en tu menú" y lo dice por propia experiencia. Ha
cocinado el luto por la muerte de su hermano creando un amargo pero
exquisito "huevo entre cenizas" y así pasa las tardes de duelo. Menos
mal que su nuevo amor le ha llevado a sacar de sus cazuelas un "algo
mucho más floral, abierto y luminoso" (¿?). Mirándolo bien, a mí, mi
estado de ánimo me dirige última y directamente al bocata de chorizo de
Pamplona y a la tableta de Milka. Cuestión de cultura y sensibilidad,
que hay mucho paletillo por ahí suelto...

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