Queridos amigos:
Os adjunto el enlace al reportaje que, de nuestro proyecto de integración, se publicó hace unos días en el Diario Vasco.
Aunque el mismo contiene algunas inexactitudes y el relato del percance que se relata al final es una versión libre y exagerada del periodista, sí sirve para hacerse una idea de lo que estamos persiguiendo.
Sin embargo, la idea-fuerza que quisimos transmitir -y que, visto lo visto, no conseguimos- era que, si bien los chicos con los que trabajamos son frecuentemente objeto de ayuda caritativa, en las condiciones adecuadas también pueden ser agentes de cambio y colaboración.
Así, la foto del joven realizando tareas de compostaje corresponde -y no se menciona en el diario- al compostaje de todo el barrio, es decir, a una tarea de servicio que el proyecto, del que los jóvenes de la casa son absolutos protagonistas, ofrece a todos los vecinos de Sorabilla.
De la misma manera, desde el proyecto Ortzadar estamos acometiendo toda una serie de actividades destinadas a contribuir al bienestar de todos los vecinos: cuidado de los árboles y limpieza regular del parque público, implicación en las campañas de participación ciudadana (en las que hemos conseguido, por ejemplo, que el ayuntamiento se comprometa a instalar en el parque una fuente pública y una mesa de ping-pong de piedra), participación en la organización de las fiestas patronales, implicación con la asociación de vecinos, dignificación del entorno, etc.
Estos jóvenes, en su mayoría de origen magrebí, tan habitualmente excluídos y denostados porque malviven en el filo de la navaja de la legalidad, de la dignidad y de la necesidad, son muchachos extraordinarios si se les ofrecen las correspondientes oportunidades. Tan extraordinarios al menos como cualquiera de nuestros hijos.
Os invito a cambiar la mirada cuando os crucéis con cualquiera de ellos o de otros como ellos; os invito a que penséis en el sufrimiento que acarrean a sus espaldas. Un sufrimiento alimentado de frustración, miedo y carencias de todo tipo.
Además:
Os adjunto el enlace al reportaje que, de nuestro proyecto de integración, se publicó hace unos días en el Diario Vasco.
Aunque el mismo contiene algunas inexactitudes y el relato del percance que se relata al final es una versión libre y exagerada del periodista, sí sirve para hacerse una idea de lo que estamos persiguiendo.
Sin embargo, la idea-fuerza que quisimos transmitir -y que, visto lo visto, no conseguimos- era que, si bien los chicos con los que trabajamos son frecuentemente objeto de ayuda caritativa, en las condiciones adecuadas también pueden ser agentes de cambio y colaboración.
Así, la foto del joven realizando tareas de compostaje corresponde -y no se menciona en el diario- al compostaje de todo el barrio, es decir, a una tarea de servicio que el proyecto, del que los jóvenes de la casa son absolutos protagonistas, ofrece a todos los vecinos de Sorabilla.
De la misma manera, desde el proyecto Ortzadar estamos acometiendo toda una serie de actividades destinadas a contribuir al bienestar de todos los vecinos: cuidado de los árboles y limpieza regular del parque público, implicación en las campañas de participación ciudadana (en las que hemos conseguido, por ejemplo, que el ayuntamiento se comprometa a instalar en el parque una fuente pública y una mesa de ping-pong de piedra), participación en la organización de las fiestas patronales, implicación con la asociación de vecinos, dignificación del entorno, etc.
Estos jóvenes, en su mayoría de origen magrebí, tan habitualmente excluídos y denostados porque malviven en el filo de la navaja de la legalidad, de la dignidad y de la necesidad, son muchachos extraordinarios si se les ofrecen las correspondientes oportunidades. Tan extraordinarios al menos como cualquiera de nuestros hijos.
Os invito a cambiar la mirada cuando os crucéis con cualquiera de ellos o de otros como ellos; os invito a que penséis en el sufrimiento que acarrean a sus espaldas. Un sufrimiento alimentado de frustración, miedo y carencias de todo tipo.
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