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sábado, 12 de septiembre de 2015

MENTIRAS INSOLIDARIAS

Va Maroto y dice que entre los refugiados que están llegando a Europa "están entrando miles de yijadistas". Como no hay ninguna evidencia (cero evidencias) de este hecho, como atestiguan diferentes agencias y organizaciones internacionales, Soraya Saénz de Santamaría le enmienda la plana al ex-alcalde y, sólo entonces, el hombre recula y afirma que sus declaraciones "no han sido demasiado afortunadas" (lo que suena a "estos son mis principios; si no les gustan, tengo otros"). El problema no es que sean afortunadas o desafortunadas; el problema es que no son opiniones, como él ahora quiere hacernos creer; el problema, su problema, nuestro problema, es que son mentiras. Son mentiras y entonces, en vez de reconocer que ha mentido, dice que han sido declaraciones "no demasiado afortunadas", como si no fuera él quien las dice, como si hubiera realizado un tiro fallido, como si hablara alguien por su boca, emitiendo opiniones al azar, como si no tuviera la responsabilidad pública que ostenta, como si de repente se hubiera convertido en un idiota vicario de no se sabe quién, de no se sabe qué.

Que Maroto es idiota ya lo sabíamos; aunque no tiene nada que ver, lo que a mí me sigue sorprendiendo en mi ingenuidad es que un gay, que puede casarse porque un gobierno -que por supuesto no es el suyo- decidió que los homosexuales pudieran hacerlo, contribuyendo así a que un colectivo minoritario viera reconocidos sus legítimos derechos, no comprenda que existen otros colectivos minoritarios que también necesitan de algo tan simple de entender como es la solidaridad, egoísta de mierda. No se podía callar, no. Por una puñetera cuestión de solidaridad, joder.

Y éstas sí que son opiniones no muy afortunadas.

sábado, 5 de septiembre de 2015

MISERIA HUMANA

Frente a la reacción de la gente, que ve el horror en las interminables aglomeraciones de refugiados contra todo tipo de vallas, verjas y muros, la reacción de nuestros políticos y sus arduas negociaciones por las cuotas de personas, a las que tratan como unidades de cualquier otra cosa: cabezas de ganado, toneladas de pescado, de grano, de basura...
Si España cumple con la cuota impuesta por la UE de acoger a alrededor de 6.000 refugiados, tendrá que pagar, de sus arcas públicas, unos 50 millones de euros. Esa cuota ha sido objeto de interminables negociaciones entre el gobierno español y las autoridades europeas, creando la sensación, entre la ciudadanía, de ser un esfuerzo de dificil asunción. Las declaraciones de nuestro presidente de gobierno han tenido en todo momento este tinte de esforzado compromiso, casi imposible de digerir. Bien: el fichaje de Gareth Bale por el Real Madrid costó 30 millones de euros más. Como dijo un tertuliano en la emisora en la que escuché este dato: "Demagogia; es dinero que se paga desde la empresa privada, no es dinero de todos los españoles".

Dice el presidente de Hungría, en declaraciones de ayer mismo, que si no se les cierra el paso, vendrán, "decenas de millones" de extranjeros y (por si pudiera parecer un lapsus) "nos dejarán en minoría a los europeos". Goebbels no se atrevió a tanto.

Mientras tanto, Salvador Sostres, el último fichaje de Carlos Herrera en su estreno en la Cadena Cope, comentando la foto del inocente Aylan, el niño muerto en la playa de Turquía, apuntala: "Yo también tengo una niña de cuatro años. Esto debería reafirmarnos en las bondades de la democracia europea, de la propiedad privada (sic) y del capitalismo". Y Feliciano Fidalgo allí, en el estudio, tan tranquilo.