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jueves, 19 de noviembre de 2015

PARANOIAS

Le contesto a mi hermano sobre si la paranoia actual con los atentados de París está o no está justificada. Escribo desde el convencimiento de que no estoy frivolizando.

Por supuesto que creo que no está justificada. No es que no exista el terrorismo, no es que no mate, ni que no tenga un carácter de especial gravedad, ni que no sea un fenómeno desgraciadamente en auge, ni que no le pueda tocar a cualquiera. Ahí están los hechos.

Le puede tocar a cualquiera cualquier cosa: desde un accidente de bicicleta hasta que un tiesto le caiga en la cabeza, pasando por que le parta un rayo (algo mucho más probable). Que yo sepa, no hay especiales paranoias contra los rayos, los tiestos o las inocentes bicicletas, que cada año matan a miles de personas en todo el mundo.

Lo que yo digo no tiene nada que ver con la gravedad e injusticia de los hechos acaecidos en París, Líbano o Mosul, ambas extraordinarias, pero los argumentos sobre la teoría del miedo no resultan comunmente aceptados, a pesar de dictarlos el sentido común, y entonces el debate se sitúa en un discurso de mesa camilla que entonces sí parece verdaderamente peligroso. Y da miedo.

Porque en ese caldo de cultivo te las cuelan todas: desde la invasión de la avispa asiática de la que nos habla Michael Moore en Bowling for Columbine, hasta las fresquísimas declaraciones (de hoy mismo) del ministro del interior francés, Manuel Valls, en el sentido de que los terroristas podrían estar preparando temibles armas de destrucción masiva bacteriológicas o químicas (o podrían estar preparando un plumcake en su piso franco del barrio de Saint-Denis, por supuesto).

Recordemos aquí al inefable, cuando decía eso de "pueden creerme; en Irak hay armas de destrucción masiva". No había, bueno, ¿y qué?

Recordemos también al Sr. gobernador de California, Gray Davis, demócrata, tras el atentado de las Torres Gemelas de 2001, asegurando poseer información contrastada de que los terroristas iban a atentar (como si solo se tratara de sentarse a esperar) contra el Golden Gate de San Francisco en los días inmediatamente posteriores a la crisis y me parto de risa (por no llorar de pena). Eso sí que da miedo.

Los terroristas, ya se sabe, van a los lugares especialmente vigilados, justamente ahora que la última moda es el chaleco de trilita, y se inmolan tranquilamente en todas partes y a todas horas, allí donde les viene en gana. Ahora todos somos su objetivo. Las radios y las televisiones nos releen el precioso poema de Martin Niemüller, erróneamente atribuido a Bertold Bretch:
 
 "Primero apresaron a los comunistas, y no dije nada porque yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada porque yo no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se llevaron a los católicos, y no dije nada porque yo era protestante.
Hoy vinieron por mí, pero ya es demasiado tarde."

Y es que la capacidad del terrorismo es fundamentalmente dialéctica, es decir, es la capacidad de imponer un determinado discurso con una determinada intención poniendo los muertos encima de la mesa. Yo tengo esto, ¿qué tienen ustedes?. De ahí su nombre, que se refiere expresamente a su intención de provocar terror, miedo entre la población, y condicionarnos así de una forma significativa.

Traducción: registros indiscriminados sin orden judicial, confinamiento de sospechosos, control de fronteras, policías armados en sus horas fuera de servicio, arcos de seguridad, detenciones de sospechosos, control, control, control. Y la gente contentísima, acojonadísima y pensando en la tranquilidad (ficticía, por lo tanto) que dan esas medidas. Es la paradoja de "metannos miedo para que estemos tranquilos". Las sociedades occidentales acogen ese miedo como una herramienta de control so pretexto de "garantizar nuestra seguridad".

Hoy hablaba un locutor de TV en los siguientes términos: "la gente pasea tranquila de ver tanta seguridad, pero un poco intranquila de ver a tantos policías nerviosos y con tantas armas". Pues si que estamos buenos.

Y lo cojonudo es que te encuentras con que con este discurso está de acuerdo, lo mismo un tipo que se dedica a hacer parapente, que otro que va a 150 km/h por la carretera con toda la familia dentro del coche.

De lo que nadie habla es de los 36 muertos en atentado ayer mismo en Siria o los 57 de anteayer en Líbano, donde no existe una modificación sustancial del debate sobre seguridad.

La gente me pregunta cada dos por tres si no me da miedo trabajar con 14 jóvenes magrebíes residentes en nuestro centro de acogida. Dices que no y no te creen, los muy gilipollas. Deben de pensar que mentimos o que padecemos el síndrome de Estocolmo.

Una sociedad con miedo es muy moldeable: te hacen pasar por el aro, literalmente (arco de aeropuerto), pero es mucho más fácil morir de diarrea en Egipto que a consecuencia de un atentado terrorista, por mucho que casi te haya tocado cuando estuvistes en el Sinaí en las últimas vacaciones. De hecho, en aquel tiempo, era mucho más probable morir en un atentado terrorista en Euskadi que en Egipto. 

Y así, siguiendo el hilo y en cuestión de violencia de género, con casi 100 muertes al año en nuestro país, hay que recalcar que todavía hoy es el día en que no hay una ley integral contra este tipo de terrorismo, mucho más dañino en términos absolutos. Se trata de pensar un poco en cómo dimensionamos la información que recibimos.

Cuando ocurre un maremoto todo el mundo conoce a alguien que estaba allí; cuando hablamos de accidentes de tren, siempre hay alguien que tiene un amigo que tiene un amigo que estaba allí. Yo mismo conozco una chica chilena que trabajaba en Haiti cuando el terremoto de Haití; que fue evacuada a Chile y le cayó de pedrea el terremoto de Chile. Para volverse loca. Y cuando hay un atentado, nos pasa tres cuartos de lo mismo: todo el mundo conoce a alguien.

Conviene recordar, y esto siempre me ha llamado la atención, que existe una teoría que dice que estamos a seis pasos de cualquier otro ser humano del universo mundo, incluyendo por supuesto, famosos y celebridades, desde el presidente de los Estados Unidos hasta el Papa, pasando por Bob Dylan o Justin Bieber. Se llama probabilidad y se estudia en matemáticas de la ESO.


¿Cuántos inmigrantes había en España en el año 2000? Menos de un millón. ¿Nos acordamos de los sucesos racistas de El Ejido, Almería, España, año 1999, en los que se aventaron todas esas mentiras contra los inmigrantes y toda aquella sicosis colectiva sobre el carácter invasivo de la emigración del estrecho de Gibraltar? Ahora hay 4,7 (y bajando, a pesar de los repuntes actuales) ¿Qué han hecho los inmigrantes desde entonces? Aumentar el PIB un 3% anual los siguientes 8 años, hasta que llegó la crisis. Y ahora con los refugiados volvemos a la casilla de salida, en un momento en que nuestro país necesita savia nueva y mano de obra especializada.

Y a monseñor Cañizares, por ejemplo, por razones muy concretas, solo se le ocurre decir que no son "trigo limpio"-. Y luego está el mocetón ese del PP catalán...

Mezclamos todo en la batidora: inmigrantes, yihadismo, Isis, trigo limpio y nos sale el coctel perfecto para tenernos pegados a la telebasura.

Nos da miedo montar en avión, pero objetivamente es el medio de transporte más seguro. Nuestro miedo tiene una base subjetiva. Imagínate si lo aventamos. Es lo que ocurre cuando te sientas en un avión junto a alguien que tiene miedo a volar y le explicas lo que pasaría ("¿te imaginas...?") con pelos y señales, si a los motores del cacharro en el que está a punto de despegar les diese por estallar a la vez, jajaja, que risa María Luisa. Se cagaría de miedo.

Es como si a alguien que está con la mosca detrás de la oreja con esto del terrorismo le cuentan que han encontrado un arsenal en un piso franco que "se te ponen los huevos de corbata". Ocurre exactamente eso: que te los pone de corbata.

Parece que los terroristas son sofisticadísmos malvados capaces de construir una bomba atómica con cuatro cosas que recogen de un contenedor. No se dice que los dos suicidas del estadio de Saint-Denis, no lograron entrar en el recinto porque no tenían un plan viable, eran unos chapuceros y unos inútiles y que, con un cinturón de bombas nuevecito y un estadio a rebosar, sólo consiguieron matarse ellos y a un pobre hombre que pasaba por allí. Menudo éxito. No se dice que la extracción social de estos chicos es la que es, que da pena morena y que lo mismo se agarran a un Kalasnikov que se dedican a fumar canutos en la puerta del instituto o las dos cosas a la vez. No, que va. Salah Abdeslam es el Dr. No. Y 007 sin aparecer.

A mi estas cosas me dan que pensar.

Y sobre todo creo que este discurso está haciendo muchísimo daño a la millonaria minoría musulmana de toda Europa, por ejemplo, a la que se detiene preventivamente y se humilla públicamente y se obliga a justificarse permanentemente. Porque se le "coge miedo" y eso, etimológicamente, no es otra cosa que xenofobia. Y la xenofobia ya sabemos a qué conduce. Ósea que cuidadito con dejar aventar nuestros prejuicios y nuestros miedos, que luego no hay quien los pare.

Voy a contar un chiste para que los predispuestos se me lancen a la yugular: "Anuncio por palabras: Taliban con ciclomotor, se ofrece para pequeñas demoliciones". Ante la desgracia, el horror y la injusticia, la respuesta serena y liberadora de la risa. Por respeto a los muertos.

martes, 10 de noviembre de 2015

LA ORACIÓN DE UN CINCUENTÓN


Señor, voy a cumplir 50 años.

El abismo debería abrirse ante mi. Mi tendencia al sobrepeso es directamente proporcional a la pereza que me da calzarme las zapatillas de correr. Hemos llegado a la cima hace tiempo. No ha estado mal; un esfuerzo de la leche, por decirlo todo. Sobre todo en las crestas de la adolescencia, tan lejanas a estas alturas.

Como todo, tiene ventajas e inconvenientes. Cuesta abajo uno va sobrado: puedes meter los rollos que te dé la gana y, normalmente, los jovenzuelos ¡te escuchan! (o disimulan de cine). En todo caso, te la trae al pairo. Tú a lo tuyo, martillo pilón. Por el contrario, ahora, los meniscos aguantan peor el traqueteo de las piedras, el resuello perdido vuelve en casi todos los repechos y al día siguiente te vas al spa. Porque tienes pasta y te lo puedes permitir. Ahí queda eso.

Mientras tanto, los veinteañeros, los treintañeros e incluso los cuarentones, no se enteran de la fiesta (no como tú, que a estas alturas ya eres clarividente). Están dejándose su testosterona en plena cuesta arriba, a ver quien puede más, a ver quién la tiene más grande, y sueñan con triunfos fantásticos que, normalmente, tampoco llegarán. No todos, claro, pero muchos son tan felices que caminan en línea recta, sin sortear los obstáculos, atravesándolos directamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Para ellos son los tiempos del “no me entero de nada pero quiero un Golf GTI. GTI y rojo”.

Y al mismo tiempo, tú, con tus cincuenta alrededor del ombligo, te haces más cínico, más descreído. Te importan otras cosas (especialmente aquellas que no se logran con el cuerpo). Aunque, ojo, sigues siendo un máquina y piensas morir con las botas puestas (el año que viene te apuntas a la Behobia y sin despeinarte. Bueno, ya veremos).

Curiosamente, también te gustan determinados traseros, a poder ser grandes (apretados en el caso femenino, creo). El asunto no va mucho más lejos, porque simultáneamente tu cerebro trabaja para traerte a colación la fábula de la zorra y las uvas: ¡Están verdes!. Maldito Esopo. Y una pastillita azul que revolotea entre tus ensoñaciones. Todo un campeón.

Así las cosas, comienzas a diversificar tus intereses: ahora te gusta más leer, nadar a tu ritmo, en soledad, estar sólo, en silencio o marcarte un Hommer Simpson de vez en cuando (sofá, cerveza, etcétera). También te gusta pasear con ella, en tranquila compañía, retomar las viejas amistades, perdonarles cosas que juraste no perdonarles -ser compasivo en definitiva, porque tú también necesitas ser compadecido-, charlar de poesía, sin pedantería (si es que ello es posible), o de filosofía, o de la trascendencia… o de la vida misma.

Claro que meterse en este jardín a los cincuenta significa que se te revienta la fe carbonera de tu primera juventud y ahí te las compongas, entre el cero y el infinito, tratando de casar el pensamiento racional y tu cinismo creciente, con tu presencia, Señor, tan y tantas veces difuminada. Quizás ahora, más difuminada que nunca. Crisis de fe, le llaman. Lo típico. Pero en medio de la melopea, cuatro blasfemias que ahora sueltas ya sin pudor, el pensamiento existencial-racional-empírico-de vuelta de todo (pack completo), una llorera y un perder el pie, el mismo run-run de siempre que por detrás (o por algún lugar adimensional) te dice: “no todo está perdido: sigue buscando pedazo de bruto”.

Con veinte, con treinta, eras un idiota triunfador que se comía el mundo y se la pegaba contra la misma piedra una y otra y otra vez, sacando pecho y disimulando el dolor que los golpes dejaban en el cuerpo, en el alma y en el corazón. “Mira la ceja que me acabo de partir, soy the fucking master of the universe”.

Con cincuenta somos igual de idiotas, pero ya no sentimos el dolor en el alma -nos damos un golpe en la espinilla y aullamos como si Saturno nos estuviera devorando- porque la tenemos en barbecho, cuestionada, y porque, sinceramente, Señor, ya sabemos que somos idiotas. E incluso, hemos llegado a descubrir que esa idiotez congénita es nuestra única y verdadera vía de conocimiento: lo que no sabemos y, ahora sí, queremos saber.
A decir verdad, es un descubrimiento que no se le puede pedir a todo el mundo. Los idiotas al cuadrado mueren felices directamente, saltándose el paso anterior.

Eso, o dejarnos absorber por el Misterio (gracias Javier Cortés).

Así que, como el cuerpo no nos sigue al ritmo que nos gustaría, muchas veces sacamos el corazón a pasear y, salvo que seas Hugh Hefner o Karl Lagerfeld, nos hacemos más sobrios[1], más tolerantes (¡ejem!) y, algunos incluso, más cariñosos.

Y más condescendientes, porque tomamos conciencia de nuestra finitud. De todos esos proyectos que ya no van a poder ser, de todos esos lugares que no vamos a conocer, de la cantidad de libros que nos van a quedar por leer (incluso si nos hemos leído el Ulises en un acto de autoafirmación tipo: “por mis pelotas”), de la cantidad de ellos que va a ser que no…

El abismo debería abrirse ante mi. Los miedos afloran constantemente: la fragilidad de la vida, el naufragio de la cosmovisión teológica que por años nos ha sostenido, las pérdidas irremediables, el dolor, el del alma y el del cuerpo y al final de la dulce bajada, la parca esperando junto al manantial.

¿He dicho “cosmovisión teológica”?

Ni me imagino lo que tiene que ser la sesentena y más allá.

Pero Tú, Señor, estás ahí, entre Tú y yo, conmigo, creo que en lo recóndito de mi ser, de mi corazón, como repetíamos hace ya tanto en el viejo salmo, insuflando una esperanza que trasciende la tragedia de la vida, la naranja que nos comemos cuando ya no nos dan los pulmones para remontar la loma del fondo. Tú, el Único, el que lo llena todo, el que nos hace ser, el que nos abraza en la oscuridad absoluta con un amor infinito. Una naranja en el campo de amapolas.

Tú, Señor, si es que existes.

Y sólo por eso repito, aferrándome a un clavo ardiendo: “creo en ti, confío en ti, te amo”. Porque tu mensaje sigue siendo profundamente liberador y su experiencia, su presencia hecha vida en mi vida, la única y paradójica certeza. Jesús, El Evangelio, la buena nueva. Lo que tú me digas.


Así que, volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre (por Jesús) es pecador.
Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
(Jn 9, 24-25) 
 
Señor, creo en ti, confío en ti, te amo.


“Ser cristiano no consiste en entrar –para quedarse- en un determinado edificio teológico, por muy bien construido que esté, o por muy sólido que sea. Ser cristiano significa decir sí a Jesús y al estilo de vida que él nos propuso mediante su práctica cotidiana. A partir de ese “sí”, y en el proceso de caminar siguiendo la justicia y la misericordia, vendrá el encuentro con lo transcendente, con lo que no entendemos, con lo que sólo intuimos… el encuentro con el Dios, padre de Jesús.

(Ignacio Simal Camps)

 Padre nuestro


[1] Pienso en algunos nombres de nuestro elenco político patrio y se me desmonta el discurso de arriba abajo. Ya perdonaréis.

jueves, 19 de febrero de 2015

EL TERROR

Aterrador, me siento profundamente turbado después de haberlo visto. Ojalá no hubiera tenido que hacerlo, y normalmente lo rehuyó. De alguna manera escondo la cabeza como un avestruz. Esta vez, sin embargo, he sentido la obligación de hacerlo, no por morbo; creo que por solidaridad, por compartir algo de este sufrimiento tan inmenso como inútil. He comprendido lo que es odiar y creo que tambiėn he deseado la muerte de los asesinos. Pero pienso tambiėn que es la inutilidad del odio la idea fuerza que ha de levantarse ante esta barbaridad sin nombre. Pero Dios mío, ¡en tu nombre no, en tu nombre no! Me siento muy afectado y no consigo quitarme sus rostros de encima que me persiguen suplicantes. !Cuántas vidas rotas, cuantas esperanzas, sueños, proyectos, amores, risas, abrazos desperdiciados!¡cuánto mal anida agazapado en nuestros corazones! ¡Cuanto miedo y que asustado estoy!
Los terroristas del Estado Islámico han difundido la cruel ejecución grabada en video de 21 cristianos coptos en la capital Libia. Los terroristas del Estado Islámico (ISIS,…
infovaticana.com

domingo, 11 de enero de 2015

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL

¿Habéis visto la comparecencia de Sáenz de Santamaría ante los medios para hacer una "declaración institucional" diciendo básicamente que no hay que tener miedo porque España es un lugar seguro contra el extremismo islamico, nuestros servicios secretos tal y nuestras fuerzas de seguridad cual?¿no os da mucho miedo?
En realidad es lo mismo que dijo el alcalde de San Francisco después de lo de las torres: que les constaba que los terroristas tenían planes para volar el Golden Gate pero que tranquilos, que ya habían movilizado a los marines y no sé qué más.
El mensaje es siempre el mismo: tenéis que tener muchísimo miedo, estar cagados de miedo, calladitos y agazapados, para que nosotros los mayores podamos hacer lo que nos parezca.
Uhhh!, uhhhhh!

martes, 16 de diciembre de 2014

TENED MIEDO

Y es lo que van a hacer hasta las próximas elecciones. Meter miedo.
Julio Anguita
Nos dominan mediante el miedo. Miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo a la represión, miedo a la verdad...

lunes, 6 de octubre de 2014

PEGATINA

Esta pegatina cateta e insolidaria, encontrada hoy mismo en el centro de Donosti, es la consecuencia de declaraciones como las del alcalde de Gasteiz, Javier Maroto: "los inmigrantes irregulares no pueden cobrar la Renta de Garantía de Ingresos". Lo que no dice es de qué piensa que van a vivir. La siguiente será "más seguridad; aumentan los delitos de estas personas". Pero sin embargo, no pide que los expulsen del país, "porque no le corresponde" o, más bien, porque en su cálculo electoral ese aspecto carece de importancia, para qué meterse en jardines. Maroto carece de la mínima empatía por la historia personal de cada uno de estos seres humanos, mucho menos afortunados que él; es un ignorante que se deja llevar por prejuicios en boga; un populista aprovechado del deleznable partido de la corrupción; un racista con todas las de la ley, de esos que van por ahí diciendo "yo tengo un amigo negro y es superhonrado y supertrabajador y superbuena persona (y todo eso a pesar de ser supernegro)". Maroto es un idiota más, como hay tantos; un pobre hombre. Pero es alcalde de una ciudad importante y por lo tanto, nuestra obligación moral y democrática es sacarlo de allí, en las urnas, y empezar a limpiar la mierda de nuestras instituciones, que buena falta nos hace. Y Maroto tendría que estar en una esquina y con una escoba.

Foto de Iñigo Lasagabaster. 














A continuación, comentarios a que dio lugar el post:
 




Liliam Llanos Qué????

Iñigo Lasagabaster Si, guapa. Ya ves qué nivel. Racismo en estado puro. Me avergüenzo de tener entre mis paisanos gente así

Liliam Llanos Menos mal que trabajó para personas de otro mundo! Gracias!

Iñigo Lasagabaster No, de verdad, gracias a ti por ser como eres

Coro Iñarga No me lo puedo creer!!!
 
Iñigo Piera Aristizabal Los de Soria por ejemplo... ¿También hay que considerarlos inmigrantes?? Y los que no son de los de Vitoria de toda la vida???

Iñigo Lasagabaster Los vascos en Nevada eran pastores de rebaños de ovejas inmensos y se pasaban meses en el monte, solos y embrutecidos, grabando escarcho fricaciones eróticas en los árboles (tree carvings)
 
Iñigo Lasagabaster Los vascos en Nevada emigraron como pastores de inmensos rebaños de ovejas y se pasaban meses en el monte, solos y embrutecidos, dibujando a punta de navaja escarificaciones eróticas en los árboles (tree carvings). Se les consideraba unos pobres diablos marginales. Se les trataba como a tales. El alcohol hizo estragos entre ellos. Recuerdo ver a un compatriota completamente borracho, acodado en la barra del Louis Basque Corner de Reno. El pobre viejo, ya en la sesentona, estaba absolutamente sólo, lucía unas botas camperas y una cazadora tipo bomber naranja, con un mapa de Euskalherria y la leyenda Zazpiak Bat en la espalda. Nos estamos olvidando.

 
 

miércoles, 16 de julio de 2014

DEJAR VOLAR LOS PREJUICIOS

Esto es lo que pasa cuando se da rienda suelta a los prejuicios: uno se convierte en racista por derecho propio. Tiene huevos que este irresponsable representante del partido de la corrupción, del partido que nos está robando a todos, cargue las tintas de forma tan simplista contra uno de los colectivos más desfavorecidos de nuestra sociedad (y de paso le acuse de robar), sin ni siquiera hacer un análisis de causas, razones y situaciones. Si también nosotros dejásemos volar nuestros prejuicios podríamos decir, sin matizar, que este hombre es un corrupto más de la derecha egoísta e insolidaria, una miserable rata de alcantarilla al que la vida se lo ha dado todo en bandeja, al que sus papás le han hecho de conseguidores desde el desdichado día de su nacimiento, un encorbatado parásito social. Un político. Un tontolculo al que votan todos los tontos de este mundo.