jueves, 1 de octubre de 2015

SUEGRAS

Me acaba de llamar mi querida suegra, 94 años y con la cabeza perfecta. Ahora que estoy con esta baja tan engorrosa (me caí en una zanja y me lesioné la rodilla, nada especialmente grave), me llama todos los días para preguntarme qué tal me va. Cada día.
Creo que nosotros, jovenzuelos, en nuestra vorágine cotidiana de "gente muy ocupada", no llegamos a ser conscientes de todo el cariño y amor desinteresado que ponen en juego nuestros mayores que, cuando envejecen como es debido, dan lo mejor de sí mismos gratis y de corazón, mientras que frecuentemente reciben de nosotros cariñosos reproches y estúpidas miradas de conmiseración. ¡Cuántas veces tendremos que pedirles perdón, un perdón que ni se les pasa por su imaginación solicitar!. Si nos parásemos un minuto a fijarnos en lo evidente... ¡Dios mío, qué precioso regalo!¡cada día! Querida Conchita, va por ti. Te quiero mucho.

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