viernes, 13 de noviembre de 2015

LAS ÚLTIMAS HORAS DE MUAMAR GADAFI

Interesante novela la de Yasmina Khadra sobre la última noche del Rais Muamar Gadafi.

Un retrato descarnado de la cosmovisión de un tirano sanguinario. Un intento de explicar su deriva, desde la revolución que siguió al golpe de estado y derrocamiento del monarca Idris I en 1969, hacia la aniquilación total. Un relato que culmina con su captura en el interior de una tubería de obra cuando trataba de huír de Sirte. Una huída fracasada. Un desesperado intento de escapar a los controles rebeldes que habían sumido en el caos absoluto a la ciudad y que concluyó después de que arrasasen el convoy en el que trataba de huír junto a su hijo Mutasim y un puñado de seguidores armados.

Escrita en primera persona, como si fuera el propio Gadafi quien hablara, reconstruye la demencial evolución del hijo bastardo de un clan de pastores hasta su conversión en uno de los más crueles dictadores de la historia contemporánea. Rebuscando entre los hechos conocidos de aquellas últimas horas del hermano Guía, es el propio Gadafi quien nos habla de su adicción a la heroína, de sus amazonas guardaespaldas -a la vez guardias personales y esclavas sexuales-, de sus delirios de grandeza, de su sentimiento de predestinación, de su progresivo endiosamiento, de su absoluto alejamiento de la realidad.

Así, Gadafi, salvador de su pueblo, se siente traicionado por él. Implacable, se separa de su destino, reniega de él y lamenta no haber sido más cruel, deseando su aniquilación. Khadra es un Gadafi que nos confiesa su personalidad colérica e implacable, vengativa y sádica, visonaria y desquiciada.

Soberbio, narcisista, delirante, mesiánico, febril, arbitrario, megalómano, déspota iluminado, extremadamente cruel y extremadamente débil, un alma sombría, desmesurada y angustiada a partes iguales, así era Muamar Gadafi, el hermano guía, el Rais que se perdió en la ficción en la que convirtió su vida y la de millones de libios durante décadas.

Su madre le dijo un día: "Sólo escuchas por una oreja, con la que atiendes de buena gana a tus demonios mientras la otra hace caso omiso de la razón".

Quizá por eso mostraba un hipnótico interés por el autoretrato que Van Gogh, el loco del pelo rojo, se hizo tras cortarse una oreja en uno de sus últimos arrebatos de locura.

La misma locura en la que murió linchado por los imberbes soldados rebeldes de otra revolución...


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