miércoles, 21 de octubre de 2015

ÁRBOL DE LA VIDA Y DE LA MUERTE (I). TRÍPTICO DE LAS NARANJAS Y LAS AMAPOLAS


Árbol de la Vida y de la Muerte (I)

Tríptico de las Naranjas y las Amapolas


(collage, técnica mixta sobre  cartón (26,5x10 + 26,5x20 + 26,5x10), Donostia 2011)



Vida, muerte, vida. Mariposas que en seis horas despliegan toda la  belleza, efímera, gratuita, y luego mueren. Tierra húmeda, olorosa,  verde, rota, reseca, cenicienta. Nave que ha de partir. Naranjas de  Gandía, de Cullera, del olor a azahar de la Semana Santa, de la huerta,  de la acequia. Amapolas de trigo verde, de cunetas, de llanuras de  Castilla, de los puentes que reflejan con luz de plata la luna  menguante. Amapolas de los cementerios. Efluvios tentadores, placeres,  sabores, tentaciones. Fruta roja, madura, aterciopelada, refrescante.  Sol. Paraíso perdido, pérdida, duelo. Vacío amenazante, agujeros;  misterio insondable, absurdo. Absurdo que todo lo conforma, que todo lo  impregna, que repta entre bastidores; pero también absurdo liberador,  absurdo que dota de sentido (para entender el mundo, mejor el misterio).  Símbolos salvíficos, amuletos, mal de ojo. Música, infancia, luz (y un  último momento de lucidez a la sombra del castaño). Verde y negro, negro  y rojo, rojo sangre, negro muerte, vida, muerte, vida.


domingo, 11 de octubre de 2015

HUEVO COMO OBITUARIO

Por si fuéramos pocos, pare la abuela y Quique Dacosta nos presenta su jardín lleno de semillas, brotes y germinados chorras (kalanchoe, tagete, rompepiedras y, por supuesto, brócoli) y nos informa, con la solvencia que le dan sus tres estrellas Michelín, de que "es inevitable que tu vida influya en tu menú" y lo dice por propia experiencia. Ha cocinado el luto por la muerte de su hermano creando un amargo pero exquisito "huevo entre cenizas" y así pasa las tardes de duelo. Menos mal que su nuevo amor le ha llevado a sacar de sus cazuelas un "algo mucho más floral, abierto y luminoso" (¿?). Mirándolo bien, a mí, mi estado de ánimo me dirige última y directamente al bocata de chorizo de Pamplona y a la tableta de Milka. Cuestión de cultura y sensibilidad, que hay mucho paletillo por ahí suelto...

jueves, 1 de octubre de 2015

SUEGRAS

Me acaba de llamar mi querida suegra, 94 años y con la cabeza perfecta. Ahora que estoy con esta baja tan engorrosa (me caí en una zanja y me lesioné la rodilla, nada especialmente grave), me llama todos los días para preguntarme qué tal me va. Cada día.
Creo que nosotros, jovenzuelos, en nuestra vorágine cotidiana de "gente muy ocupada", no llegamos a ser conscientes de todo el cariño y amor desinteresado que ponen en juego nuestros mayores que, cuando envejecen como es debido, dan lo mejor de sí mismos gratis y de corazón, mientras que frecuentemente reciben de nosotros cariñosos reproches y estúpidas miradas de conmiseración. ¡Cuántas veces tendremos que pedirles perdón, un perdón que ni se les pasa por su imaginación solicitar!. Si nos parásemos un minuto a fijarnos en lo evidente... ¡Dios mío, qué precioso regalo!¡cada día! Querida Conchita, va por ti. Te quiero mucho.

MÁS ALLÁ DE LA FRIVOLIDAD

Ahora que estoy de baja (nada especialmente grave ni que no se cure con un poco de reposo), me he dedicado en parte a hacer un poco de lo que no hago habitualmente: zapping. Tampoco mucho, porque el otro día me tropecé con el programa de Jesús Javier.¡Qué didáctico! En los primeros (y únicos) cinco minutos descubrí que entre la frivolidad y la estupidez sólo hay un Kiko Matamoros.