Joe Sacco: un reportero de cómic
elpais.com
Estoy verdaderamente
impresionado por la capacidad de Joe Sacco para narrar con dibujos.
Yo me introduje en el mundo del cómic tardíamente, de la mano de mi amigo y dibujante Juan Ignacio Mendizabal y no había llegado a apreciar sus posibilidades narrativas hasta que me topé con este pequeño maltés, inquieto y escurridizo.
Hasta entonces mi consideración de la viñeta era la de un ejercicio puramente lúdico -recuerdo todos los tebeos de Tarzan que leí en mi infancia, de aquella preciosa editorial EN (Buenos Aires -Barcelona, ponía en la portada), los TBO's, Mortadelo y Filemón, Axterix, Tintín, el capitán Trueno, el Jabato... Y más adelante (gracias Mendi) Moebius, Manara, Hugo Pratt... con toda aquella carga erótica, exótica, fantástica... En el fondo el cómic era para mi un desapego, un ejercicio de evasión, lo más parecido a una aventura.
Sólo que hace un par de años me encontré casi a la vez con, a mi entender, tres obras de arte: la propuesta colectiva "Eiffel, the Story of the Tower" (Editions du Signe), los dos magníficos volúmenes de Jason Lutes sobre el Berlín de la República de Weimar que antecedió al nazismo ("Berlín, ciudad de Humo" y "Berlín, ciudad de Piedras", en Astiberri) y, sobre todo, con el volumen de Ari Folman y David Polonsky, "Vals con Bachir", sobre la guerra del Líbano en 1982 (Salamandra). En ellas percibí del dibujo, sorprendido, una posibilidad diferente: narrar historias reales con un incisivo énfasis en aspectos nuevos y cotidianos, cercanos, trágicos, sinceros, evidente y a su vez desapercibidos, fotográficos y al mismo tiempo inaccesibles al fotógrafo, con un guión adaptado a los hechos narrados de una manera sorprendentemente coherente, con todo lujo de detalles, con todo lujo de humanidad.
Al acabar aquella historia y ojear su contraportada encontré una referencia a Sacco y fue así como descubrí sus "Notas al pie de Gaza" (Reservoir Books) y, después, su volumen "Gorazde, zona protegida" (Planeta DeAgostini), sus "Reportajes" (Reservoir Books) y, últimamente el magnífico desplegable "La Gran Guerra" (también en Reservoir Books) en el que, utilizando técnicas medievales, nos introduce en el primer día de la batalla del Somme de un modo absolutamente demoledor. (tan demoledor, al menos, como el libro de Tardi sobre el mismo asunto: "Puta Guerra" (Norma Editorial).
Los dibujos de Joe Sacco son más que dibujos, más, mucho más que el ejercicio de un buen historietista sentado bajo un flexo con sus lápices de trabajo. Sus narraciones -me resisto a denominarlas "dibujos" a secas- están llenas de polvo y sudor, de trabajo de campo y empatía, de crudeza y sensibilidad, de capacidad para hurgar en el detalle y no ceder al sentimentalismo imperante, de olores y sabores, colores y dolores, de capacidad para rebuscar entre las basuras y mirar con los ojos sufríentes de los parias de este mundo (emigrantes, bosnios, palestinos, chechenos, iraquíes...) Joe Sacco es un artista en el sentido pleno del término. Te engancha y no te deja ir. Es quien es por ser como es: sincero hasta decir basta.
Yo me introduje en el mundo del cómic tardíamente, de la mano de mi amigo y dibujante Juan Ignacio Mendizabal y no había llegado a apreciar sus posibilidades narrativas hasta que me topé con este pequeño maltés, inquieto y escurridizo.
Hasta entonces mi consideración de la viñeta era la de un ejercicio puramente lúdico -recuerdo todos los tebeos de Tarzan que leí en mi infancia, de aquella preciosa editorial EN (Buenos Aires -Barcelona, ponía en la portada), los TBO's, Mortadelo y Filemón, Axterix, Tintín, el capitán Trueno, el Jabato... Y más adelante (gracias Mendi) Moebius, Manara, Hugo Pratt... con toda aquella carga erótica, exótica, fantástica... En el fondo el cómic era para mi un desapego, un ejercicio de evasión, lo más parecido a una aventura.
Sólo que hace un par de años me encontré casi a la vez con, a mi entender, tres obras de arte: la propuesta colectiva "Eiffel, the Story of the Tower" (Editions du Signe), los dos magníficos volúmenes de Jason Lutes sobre el Berlín de la República de Weimar que antecedió al nazismo ("Berlín, ciudad de Humo" y "Berlín, ciudad de Piedras", en Astiberri) y, sobre todo, con el volumen de Ari Folman y David Polonsky, "Vals con Bachir", sobre la guerra del Líbano en 1982 (Salamandra). En ellas percibí del dibujo, sorprendido, una posibilidad diferente: narrar historias reales con un incisivo énfasis en aspectos nuevos y cotidianos, cercanos, trágicos, sinceros, evidente y a su vez desapercibidos, fotográficos y al mismo tiempo inaccesibles al fotógrafo, con un guión adaptado a los hechos narrados de una manera sorprendentemente coherente, con todo lujo de detalles, con todo lujo de humanidad.
Al acabar aquella historia y ojear su contraportada encontré una referencia a Sacco y fue así como descubrí sus "Notas al pie de Gaza" (Reservoir Books) y, después, su volumen "Gorazde, zona protegida" (Planeta DeAgostini), sus "Reportajes" (Reservoir Books) y, últimamente el magnífico desplegable "La Gran Guerra" (también en Reservoir Books) en el que, utilizando técnicas medievales, nos introduce en el primer día de la batalla del Somme de un modo absolutamente demoledor. (tan demoledor, al menos, como el libro de Tardi sobre el mismo asunto: "Puta Guerra" (Norma Editorial).
Los dibujos de Joe Sacco son más que dibujos, más, mucho más que el ejercicio de un buen historietista sentado bajo un flexo con sus lápices de trabajo. Sus narraciones -me resisto a denominarlas "dibujos" a secas- están llenas de polvo y sudor, de trabajo de campo y empatía, de crudeza y sensibilidad, de capacidad para hurgar en el detalle y no ceder al sentimentalismo imperante, de olores y sabores, colores y dolores, de capacidad para rebuscar entre las basuras y mirar con los ojos sufríentes de los parias de este mundo (emigrantes, bosnios, palestinos, chechenos, iraquíes...) Joe Sacco es un artista en el sentido pleno del término. Te engancha y no te deja ir. Es quien es por ser como es: sincero hasta decir basta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario