Pienso en varias cosas a la vez, aunque me parezca imposible. El asco
que me produce Montoro cuando pone a Caritas en su punto de mira (¡qué
miserable, por Dios, qué escándalosa declaración!), en Teodoro Obiang
invitado por el Instituto Cervantes (¿a qué cojones viene esto?¿dónde
está el director de esta prestigiosa institución para dar explicaciones
de tamaña insensatez?¿es que tenemos que aguantarlo
todo?) Pienso en tonterías así. Putaditas que nos llenan de mierda
nuestra cotidiana, pacífica, solidaria y humana existencia... y me digo,
hay que joderse. Literalmente.
Esta gente de la derecha, tan bien establecida, tan avara, tan avariciosa, tan cínica y prepotente... no puede ser feliz, es imposible, pienso. Tienen que vivir en el permanente vacío existencial, en el desasosiego más absoluto... ¿se harán este tipo de planteamientos o se limitarán a contagiar de estupidez el ambiente circundante desde el ejercicio obsceno de su malignidad? Buff!, con su pan se lo coman. Para mi son como un nuevo ébola que hay que combatir sin saber muy bien cómo, ni con qué resultados, pero tratando de seguir viviendo como si no nos fuese a contagiar nunca.
Una vez le escuché a Fernando Trueba decir que eran, o bien malos, o bien tontos, y me pareció una boutade, una exageración quizá y, sobre todo, una jugosa provocación. Precisamente como tal, la hice mía y me puse manos a la obra a introducir trilita en los recovecos de las reuniones familiares y de amistades bienpensantes, con regocijantes resultados.
Ha pasado el tiempo y ahora sé que no era ni una boutade, ni una exageración, ni una provocación: era y es verdad. La derecha es ese consorcio de malos aupados y sostenidos por tontos e incautos, malos y estúpidos. Mafiosos e imbéciles en alegre comandita. Malos y gente de bien que es víctima de no sé qué canguelos, no sé que prejuicios y no sé qué mierda de agujero en el cerebro que busca justificaciones fáciles y lugares comunes y les impide ver cómo se lo están llevando crudo, cómo nos están llenando de frustración, de insolidaridad, de miedo, de humillación, de analfabetismo funcional...
Y todo por la estúpida avaricia, por la pasta, la puta pasta y el puto coche rojo de carreras. Ese mismo Lamborghini aparcado encima de la acera del paseo de Germanías de Gandía que se compran los naranjeros paletos cuando les dan una pasta por sus hectáreas recalificadas y se creen que, con eso y con ponerles tetas a sus mujeres-de-repente-rubias, de repente horrendas, son los putos amos.
Las rubias, como decía cargada de dignidad aquella mujer trabajadora y culta con un marido trabajador y culto, ambos en paro después de tanto esfurzo honrado y tanta generosidad sin amortizar. Si, esas rubias: Cospedal, Cifuentes, Quiroga, Barberá (bueno no es rubia, pero es igual con su bolso de LV). Y sus rubios adláteres.
Joder, que ganas de vomitar!
PD. Estuve enfermo y mi madre me regaló un ibook. No lo hubiera hecho de haber sabido que me dediqué a bajarme libros que no me compraría ni muerto, pero que me despertaban cierta curiosidad (el de la Esteban, el del primo de la Letizia, el del caso Bárcenas, el porno ese de las sombras de Grey...) En este contexto he leído el libro del Wyoming (perdona Wyoming), así, como de pasada: es bonito ver cómo les va dejando en bolas a todos estos rubios uno detrás de otro. Os lo recomiendo.
Comentarios al post:
Iñigo Lasagabaster Bueno claro, Arrate, tienes razón: esa no es LA respuesta. La respuesta es otra cosa.
Esta gente de la derecha, tan bien establecida, tan avara, tan avariciosa, tan cínica y prepotente... no puede ser feliz, es imposible, pienso. Tienen que vivir en el permanente vacío existencial, en el desasosiego más absoluto... ¿se harán este tipo de planteamientos o se limitarán a contagiar de estupidez el ambiente circundante desde el ejercicio obsceno de su malignidad? Buff!, con su pan se lo coman. Para mi son como un nuevo ébola que hay que combatir sin saber muy bien cómo, ni con qué resultados, pero tratando de seguir viviendo como si no nos fuese a contagiar nunca.
Una vez le escuché a Fernando Trueba decir que eran, o bien malos, o bien tontos, y me pareció una boutade, una exageración quizá y, sobre todo, una jugosa provocación. Precisamente como tal, la hice mía y me puse manos a la obra a introducir trilita en los recovecos de las reuniones familiares y de amistades bienpensantes, con regocijantes resultados.
Ha pasado el tiempo y ahora sé que no era ni una boutade, ni una exageración, ni una provocación: era y es verdad. La derecha es ese consorcio de malos aupados y sostenidos por tontos e incautos, malos y estúpidos. Mafiosos e imbéciles en alegre comandita. Malos y gente de bien que es víctima de no sé qué canguelos, no sé que prejuicios y no sé qué mierda de agujero en el cerebro que busca justificaciones fáciles y lugares comunes y les impide ver cómo se lo están llevando crudo, cómo nos están llenando de frustración, de insolidaridad, de miedo, de humillación, de analfabetismo funcional...
Y todo por la estúpida avaricia, por la pasta, la puta pasta y el puto coche rojo de carreras. Ese mismo Lamborghini aparcado encima de la acera del paseo de Germanías de Gandía que se compran los naranjeros paletos cuando les dan una pasta por sus hectáreas recalificadas y se creen que, con eso y con ponerles tetas a sus mujeres-de-repente-rubias, de repente horrendas, son los putos amos.
Las rubias, como decía cargada de dignidad aquella mujer trabajadora y culta con un marido trabajador y culto, ambos en paro después de tanto esfurzo honrado y tanta generosidad sin amortizar. Si, esas rubias: Cospedal, Cifuentes, Quiroga, Barberá (bueno no es rubia, pero es igual con su bolso de LV). Y sus rubios adláteres.
Joder, que ganas de vomitar!
PD. Estuve enfermo y mi madre me regaló un ibook. No lo hubiera hecho de haber sabido que me dediqué a bajarme libros que no me compraría ni muerto, pero que me despertaban cierta curiosidad (el de la Esteban, el del primo de la Letizia, el del caso Bárcenas, el porno ese de las sombras de Grey...) En este contexto he leído el libro del Wyoming (perdona Wyoming), así, como de pasada: es bonito ver cómo les va dejando en bolas a todos estos rubios uno detrás de otro. Os lo recomiendo.
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Begoña Eguiluz Lo
que más me gusta, Iñigo, es la falta de remilgos de tus comentarios.
Vivimos con mucha náusea últimamente y lo que más me preocupa es la
ubicuidad de la porquería, la absoluta impunidad de la indecencia. Me
parece fundamental ese dejar muy evidentela
vergüenza de lo que pasa ( Wyoming, Jordi,...) pero ojalá , cada vez
más asqueados por la evidencia, no nos hundamos en el desánimo!!
Un saludo cariñoso: es bueno juntar rabia!!
Un saludo cariñoso: es bueno juntar rabia!!
Iñigo Lasagabaster Sí,
gracias Begoña. Es verdad, ese manto de basura que se extiende
transversalmente y que, en último término, viene a justificarse con el
"así es la vida", "si tú pudieras, también te lo llevarías crudo",
"todos roban", etc. En ocasiones viene alguien y
te lo dice a la cara, convencidísimo, de modo que no merece la pena ni
iniciar una conversación. A veces incluso creo que es vocacional, que
uno se dedica a la política o a las finanzas para, si surge, tirar por
ahí. Empiezo a creer que, por ejemplo, la política tiene algo en este
sentido, que del mismo modo que no se puede ser multimillonario y
decente, tampoco se puede ser político y sincero...Ya sabes, más
boutades, tonterías que se me vienen a la cabeza, ocurrencias... Pero
esa chapa del "servicio público" ya no me la trago. Y cuando veo a un
tipo dentro de un Mercedes de estos grandes y nuevecitos y no pone
"Taxi", me entra un mal rollo...
Iñigo Lasagabaster Por cierto, recuerdos a Cástor y que me alegro de que todo vaya bien.
Idoia Láinez Suscribo todas y cada una de tus palabras. Un besazo.
Arrate Guisasola Jo
Iñigo...... Vaya desayuno q me has dado... Q claridad! Ahora, por qué
toda respuesta es o reírnos con wyoming o mirar desde la barrera con
evole?
Idoia Láinez "La
ubicuidad de la porquería". Brillante, Begoña. Tu frase describe a la
perfección ese atraco mano armada al que nos están sometiendo quienes
manejan el cotarro. Otro beso.
Iñigo Lasagabaster El
libro de Wyoming no es para reírse; de hecho en ese sentido me
defraudó. En realidad, su libro es una forma más de abrirnos los ojos,
de llamar a las cosas por su nombre, función que, de modo totalmente
distinto, también cumple Évole, a mi modo de ver. Yo no le pido más. Su
desenmascaramiento de Florentino Pérez me parece un ejemplo de lo que
digo.
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