Los 'diez mandamientos' de Francisco
¡Cuidado con los conversos! Ahora, desde amplios sectores de esta
iglesia tradicionalista que hemos tenido hasta la llegada del nuevo Papa
Francisco, se es, una vez más, más papista incluso que él y se nos
recuerda que "no está diciendo nada nuevo", nada que no se haya dicho
ya antes y nada que vaya en contra de los postulados de la Iglesia". Es
eso precisamente lo curioso: que siendo así, nos parece
nuevo, pero nuevo requetenuevo. Y no solo nos parece nuevo a nosotros,
sino que también les parece nuevo a todos esos medios de comunicación
anticlericales del mundo entero, perseguidores de una Iglesia-víctima de
la conspiración mundial judeo-masónica, mensajeros de Lucifer y así
hasta decir basta. Pero la realidad es que, por fin, loado sea Dios, y
ya nos ha costado, tenemos al frente de la iglesia católica alguien con
dos dedos de frente, que predica el Evangelio sin complejos, la Buena
Nueva contenida en él, la misericordia incondicional del amor de Dios,
la esperanza, la alegría y hasta el sentido del humor; alguien que se
proclama un pecador que, "sin haber sido la beata Imelda", no ha sido
tampoco nunca de derechas y que se pregunta perplejo por qué la Iglesia
ha estado dando tantas vueltas a cuestiones de doctrina moral y tan
pocas a cuestiones de justicia social. Francisco, que se proclama hijo
de la Iglesia -a la vez santa y meretriz, no lo olvidemos- adjudica a la
doctrina moral el papel relativo que le corresponde: el de la opinión
de la Iglesia, que pretende ser una luz para iluminar las oscuridades
del camino, ni más, ni menos; un papel que no es dogmático, ni desde
luego un absoluto. Y otra cosa tan interesante o más si cabe: ese
reconocimiento de que no es él, el Papa, el autorizado a juzgar a nadie.
Y si el Papa, dentro de la Iglesia, no se considera autorizado a juzgar
a nadie por sus comportamientos privados o por sus opiniones públicas,
¿quién puede hacerlo? Y entonces, ¿qué va a quedar de los censores de
antaño, de los moralistas de detrás de los visillos? Pues a eso vamos:
cuidado con ellos: son como los ex-fumadores; tienen vocación de
comisarios políticos; son oportunistas sin fronteras... y pretenderán
seguir haciendo lo que siempre han hecho: darnos lecciones, revestidos
de una falsa, nueva e impostada autoridad moral. En el fondo creo que
cuando el papa les dice a los obispos que no sean "obispos de
aeropuerto", que se mantengan cerca de sus fieles, en sus diócesis, no
solo les está diciendo que lo hagan físicamente, sino que les está
advirtiendo de que, con actitudes soberbias y convencidas de estar en
posesión de la verdad, se alejan también de las realidades cotidianas de
la gente, de los miedos, esperanzas, miserias y grandezas del pueblo de
Dios del que no son otra cosa que pastores.
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