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Cuando
se dicen estas cosas, se habla de anticlericalismo y es verdad, es
anticlericalismo, pero no es un anticlericalismo visceral, militante e
ideológico, como el de la propia línea editorial del Huffington Post
(que es quien publica este artículo, precisamente), sino de un
anticlericalismo constructivo, que rechaza los excesos de una jerarquía
eclesial dominadora y absolutista y pide un mayor acercamiento a la
figura sencilla, cercana, comprometida, desprendida y abierta del Jesús
de los Evangelios.
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