lunes, 8 de octubre de 2012

SUCEDIÓ EN LIDL

Me ha sucedido en el Lidl, hace un rato. Aviso de interés público gratuito. Si os encontráis con una tía alta, de pelo rizado, morena, de unos 50 años y cara de malas pulgas, intentad respetar el orden de la cola. Lo cierto es que cuando me acercaba a pagar, una de las amables cajeras de esta amable cadena de supermercados (son casi tan amables como los chóferes del Amara-Anoeta) ha soltado eso de "por aquíiii, respetando el oooorden", y yo he debido pensar (yo o mi subconsciente) en el mismo microsegundo en el que mis pies se dirigían hacia ella: "esta es la mía", así que me he hecho el orejas metiéndome delante de 5 ó 6 personas provenientes de la caja de al lado, la segunda de las cuales era esa mujer, que me ha soltado una bronca que ni que le hubiera robado la flauta a un niño.

Así que allí estaba ella, inmensa, hierática cual Pantócrator castigador, dale que te pego, que si qué jeta tienes, que si te has dado cuenta perfectamente, que si esto, que si lo otro, y yo petrificado -si me mirara una cobra no lo hubiera estado más-, y a todo esto rodeado de lobos hambrientos, mirándome como si estuvieran delante del mismísimo asesino de Kennedy, y ella que tal y cual y Pascual y yo intentando conectar unas cuantas neuronas para poder salir por algún lado y no había manera y cuando, juntando las pocas fuerza que me quedaban, he conseguido balbucear (pero lo que se dice balbucear) un "vale; no hace falta ser tan borde" va ella y me contesta, monocorde, segura de sí misma, clavándome su mirada de hielo durante un segundo eterno como se clava el rejón de muerte en la plaza: "acepto lo de borde, pero a mi me parecen más bordes los que tratan de colarse en la cola del supermercado" y algo de todavía más enjundia, para rematar.


Y yo me he quedado mirando al suelo, tan humillado que el hombre de detrás mío, que llevaba por toda mercancía una cerveza (una cerveza y nada más), me ha dejado pasar, con unos golpecitos en el brazo y un "tira, anda, tira" cariñoso y solidario, creo que pensando en la suerte que había tenido de no ser él y sí yo y así me he escurrido literaaaaaalmente y con el rabo entre las piernas y en eso estaba cuando me ha sucedido lo más raro de todo y es que me ha dado por pensar: ¡qué coño, si encima tiene razón!

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