Me ha sucedido en el Lidl, hace un rato. Aviso de interés público
gratuito. Si os encontráis con una tía alta, de pelo rizado, morena, de
unos 50 años y cara de malas pulgas, intentad respetar el orden de la
cola. Lo cierto es que cuando me acercaba a pagar, una de las amables
cajeras de esta amable cadena de supermercados (son casi tan amables
como los chóferes del Amara-Anoeta) ha soltado eso de
"por aquíiii, respetando el oooorden", y yo he debido pensar (yo o mi
subconsciente) en el mismo microsegundo en el que mis pies se dirigían
hacia ella: "esta es la mía", así que me he hecho el orejas metiéndome
delante de 5 ó 6 personas provenientes de la caja de al lado, la segunda
de las cuales era esa mujer, que me ha soltado una bronca que ni que le
hubiera robado la flauta a un niño.
Así que allí estaba ella,
inmensa, hierática cual Pantócrator castigador, dale que te pego, que si
qué jeta tienes, que si te has dado cuenta perfectamente, que si esto,
que si lo otro, y yo petrificado -si me mirara una cobra no lo hubiera
estado más-, y a todo esto rodeado de lobos hambrientos, mirándome como
si estuvieran delante del mismísimo asesino de Kennedy, y ella que tal y
cual y Pascual y yo intentando conectar unas cuantas neuronas para
poder salir por algún lado y no había manera y cuando, juntando las
pocas fuerza que me quedaban, he conseguido balbucear (pero lo que se
dice balbucear) un "vale; no hace falta ser tan borde" va ella y me
contesta, monocorde, segura de sí misma, clavándome su mirada de hielo
durante un segundo eterno como se clava el rejón de muerte en la plaza:
"acepto lo de borde, pero a mi me parecen más bordes los que tratan de
colarse en la cola del supermercado" y algo de todavía más enjundia,
para rematar.
Y yo me he quedado mirando al suelo, tan humillado que
el hombre de detrás mío, que llevaba por toda mercancía una cerveza
(una cerveza y nada más), me ha dejado pasar, con unos golpecitos en el
brazo y un "tira, anda, tira" cariñoso y solidario, creo que pensando en
la suerte que había tenido de no ser él y sí yo y así me he escurrido
literaaaaaalmente y con el rabo entre las piernas y en eso estaba cuando
me ha sucedido lo más raro de todo y es que me ha dado por pensar: ¡qué
coño, si encima tiene razón!
Este blog tiene un título poco original. Al menos tan poco original como su autor. No obstante, como otros autores tan poco originales como él, pretende fijar sus opiniones en contraposición a la opinión dominante. Que lo consiga o no es otro cantar, teniendo en cuenta lo presuntuoso del asunto. Aún así, quizá, alguna cosita, por pequeña que sea, pueda servir para la reflexión de alguien. Ya está. No haría falta más.
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