viernes, 6 de marzo de 2015

LOS JUDÍOS SON SUS PALABRAS

Leo Los judios y las palabras, ensayo de Amos Oz y su hija Fania Oz-Salzberger y me sorprendo a mí mismo pensando en que en las palabras está el verdadero secreto de los judios. "La Palabra -hablada y escrita, recitada y citada- es la verdadera clave de la continuidad judía". La palabra se impone; su inmaterialidad se impone a la idea de una raza cromosómica, o al menos una raza a la que la genética explique por sí sola. No, no es una cuestión de narices; los judíos no serían sin las palabras. La imagen de los niños repitiendo los versículos de la Torá, junto a la bandeja de los dulces en las escuelas talmúdicas, es la repetición de la imagen de sus ancestros discutiendo los más grandes enigmas del Talmud. Maestros y discípulos al calor de la lumbre, padres e hijos en la cocina del hogar repitiendo los mismos versos, las mismas historias, las mismas canciones. Palabras del Tanaj que Dios concedió a Moisés en el principio de la historia y que los hombres hicieron sagradas; parágrafos numerados de la Mishná que recogíeron los tanaim, maestros repetidores de la tradición oral; discusiones de la Gemará que dotan de vida propia a las palabras; cuentos, poesías, chistes y melodías repetidas una y mil veces por los siglos de los siglos. El humor, el teatro judío. Filósofos, recitadores. De Gamaliel el Viejo hasta Woody Allen; de Flavio Josefo a Bob Dylan; desde Maimónides a Spinoza y desde éste hasta Karl Marx. Palabras que forjaron la suerte y el destino de todo un pueblo. Un pueblo sin pirámides, ni catedrales, que está en todas partes y en ninguna. Un pueblo errante, a veces invisible, a veces omnipresente, en los Cárpatos o en Canadá, en Brooklyn y en Odessa, Túnez, Shangai, Argentina, Turquía, España y, por fin, de nuevo, Palestina... Su gracia y su desgracia. La impresionante certeza de las palabras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario