PP y PSOE han firmado un pacto antiterrorista ("contra al terrorismo
yihadista", les ha dado por decir, pero que podía haber sido contra el
terrorismo de las Mirindas asesinas) que incluye la puesta en vigor de
la cadena perpetua, que ahora le llaman tarta de chocolate pero que
sigue siendo cadena perpetua. Este pacto singular incluye dos curiosas
claúsulas: los primeros se comprometen a permanecer en él si una futura
mayoría parlamentaria abole esta despreciable condena en el
futuro; los segundos a abolirla cuando gobiernen (la parte contratante
de la primera parte es la parte contratante de la primera parte, etc.)
Esta mierda de pacto, -inconstitucional, según los juristas serios de
este país, porque no es más que un gesto inútil que contempla una pena
inhumana que promueve la venganza frente a la reinserción y es todo
menos disuasoria-, se define con un neologismo que empieza a dar casi
tanta grima como sus firmantes: "postureo". Por cierto, ¿decían que
Podemos era populismo? Y ya puestos, me pregunto al respecto cómo es que
estos salerosos mortadelos pretenden que no votemos a los imberbes
jovenzuelos, si son como las patatas fritas con vinagre: igual nos
gustan o igual no, pero vamos a probarlas.
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