miércoles, 14 de enero de 2015

RAZONES PARA EL MIEDO

Es cierto que los horrorosos sucesos de París tienen múltiples niveles de lectura, pero hay uno muy chirriante por oportunista: ese ataque de seguritis que les ha dado a todos los políticos con un determinado grado de responsabilidad global... Y que nunca impedirán, con sus medidas coercitivas y nada espontáneas, que barbaridades como estas ocurran de tanto en tanto, en New York, Londres o Madrid, pero tampoco en Oklahoma o en la isla de Utoya, en Noruega. A pesar de los 17 muertos resulta de sentido común que se trata de medidas desproporcionadas e ineficaces en las que la propaganda ocupa un lugar central. Una vez más, como siempre, de un lado y otro (y sobre todo de uno), se está haciendo del terrorismo un juego dialéctico, practicado con desmesura y que tiene por objeto meternos el miedo en el cuerpo, haciéndonos creer que vivimos en el más inseguro de los mundos posibles. Y esto es mentira, al menos en Occidente. Y quizá no lo sea tanto en el ámbito del mundo árabe, pero por razones mucho más complejas (y de responsabilidad compartida, por cierto) que la actuación de tres jóvenes despojados de futuro y sin horizonte vital, que se parecen más a nuestra "generación nini", a los otakus o hikikomoris japoneses, obsesivos de los juegos de rol, o a los protagonistas de las matanzas de Waco, Texas o del instituto Columbine. Y es una mentira al servicio del control del ciudadano, atónito ante el espectáculo televisivo y desbordante de una manifestación en la que millones de personas de buena voluntad caminan unidas, en un gesto con todos esos niveles de lectura, con todas esas contradicciones y con todos esos peajes pagados a tirios y troyanos y otros señores de la guerra. Por cierto, ver a Erdogan o a los saudíes defender la libertad de prensa de un medio que en sus respectivos países hubiera sido reprimido desde el minuto uno no es mas que una muestra de la hipocresía que subyace en todo este tristísimo y lamentable suceso. Y si, a pesar de todo, je suis aussi Charlie Hebdó.

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