No
sé si tiene razón o no, porque lo malo de la corrupción a esta escala, a
la escala Cospedal & Co., lo decía Manuel Vicent, es que baja como
una neblina que justifica nuestras "pequeñas corrupciones cotidianas":
no pagar el IVA, colarse en el polideportivo con la tarjeta de otro,
saltar el torno del metro, etc., porque, si estos hacen lo que hacen, yo
no voy a ser el último gilipollas. En todo caso,
el argumento, en boca de la ínclita, adquiere un tinte de cinismo tal
que resulta evidente, hasta por el mas tonto de los tontos, que está
prostituyendo el argumento para arrimar el ascua a su sardina hasta el
límite de un patetismo que da tanta pena como vergüenza ajena. Da,
literalmente, dolores de Cospedal (y la pirueta lingüística se la dedico
a mi amiga Idoia Lainez, autora de un genial friccionario con el que no
pretendo competir. Únicamente espero que le guste).
Este blog tiene un título poco original. Al menos tan poco original como su autor. No obstante, como otros autores tan poco originales como él, pretende fijar sus opiniones en contraposición a la opinión dominante. Que lo consiga o no es otro cantar, teniendo en cuenta lo presuntuoso del asunto. Aún así, quizá, alguna cosita, por pequeña que sea, pueda servir para la reflexión de alguien. Ya está. No haría falta más.
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