Acabo de ver BOX (creo que se llama así), el programa de Juanrra Bonet
para Cuatro, sobre Marinaleda y su alcalde, José Manuel Sánchez
Gordillo.
Me ha parecido un loable intento de ofrecer los
diferentes aspectos e intereses que confluyen en un proyecto de
autogestión desde la izquierda, con sus aciertos y sus limitaciones,
dejando espacio a la crítica y al elogio.
De entrada, hay que advertir que
el resultado del programa depende también de un necesario equilibrio de
posturas, por parte de su presentador, para ser solvente, lo que es a
la vez su talón de Aquiles, paradójicamente, pues, al centrarse en una
experiencia tan peculiar y controvertida como la de este pueblecito
agrícola andaluz, en la que se viene precisamente a poner el foco en
dificultades de juicio (o prejuicio), ha de hacer verdaderos equilibrios
periodísticos para no tomar postura, lo que le restaría credibilidad.
En cualquier caso, nada es blanco o negro, ni en la realidad, ni en
nuestra capacidad para evaluar esa realidad. Está bien saber que las
construcciones humanas siempre son imperfectas, incompletas, tienen
aristas, contradicciones, renuncias y albergan desencuentros y
dificultades.
Así, de la viabilidad futura del proyecto del
alcalde Gordillo caben bastantes dudas, en general relacionadas con su
personalismo y los límites que impone al proyecto su carácter
cooperativista y asambleario basado en una difícil autogestión
dependiente de, por ejemplo, subvenciones al campo y las tareas
agrícolas, lo que impide su buen funcionamiento en un ámbito mas amplio,
tanto en lo geográfico (regional, nacional, etc.), como en lo
sectorial, ya que es dudoso pensar que el sistema pudiera controlarse y
mantenerse igualmente si la economía del pueblo se diversificase más de
lo que lo está actualmente (que no es mucho).
En todo caso, los
logros son inegables: servicios públicos dignos y baratos, trabajo
comunal y cooperativo, uso racional de la tierra de cultivo, red social,
nula especulación sobre el suelo y vivienda digna a precio de coste.
Y la credibilidad de una persona coherente con sus principios, por
rígidos que estos sean, con sus luces y sus sombras, pero guiado por la
aspiración al bien común.
Si yo fuese andaluz, campesino y pudiese elegir, me iba para Marinaleda.