El gobierno va a hacer que se sustituya la fecha de caducidad de los alimentos por el "nivel de hedor tolerable recomendado".
Me hace gracia que dicen que en España la ley no permite lo que ahora si
permite Grecia, pero a mi me consta, porque lo veo todos los meses con
estos ojitos, que en los Bancos de Alimentos se da comida cuya fecha de
consumo preferente ha caducado. Se acompaña de un certificado de la
empresa fabricante en la que se señala una nueva fecha, esta vez de
caducidad, que en ocasiones puede llegar a cumplirse
más de un año después (lo último una partida de frascos de judías
verdes). O sea, que en la práctica, es lo mismo. Ya lo sabe la reina
Sofía, que es griega y que propone que se reparta en el Banco de
Alimentos de Palma de Mallorca la comida sobrante de los cruceros que
arriban a su puerto. La mijajas que caen de la mesa de los ricos las
recogen de rodillas los pobres. Esto me hace recordar ese versículo
bíblico que dice más o menos así: "será más dificil que un rico entre en
el Reino de los Cielos, que un camello pase por el ojo de una aguja".
Hoy salía un listopán en la radio, un "coacher", un tipo guay de esos
que se creen más listos que los demás y viven de darnos consejos. Pues
el tipo estaba hablando del dinero y soltando obviedades al respecto y,
entre bobada y bobada, ha dejado caer que los ricos no tienen por qué
ser malos con el siguiente ejemplo de patio de colegio: "si tú te
consideras bueno y te regalaran 3 millones de euros...¿te volverías
malo?¿a que no?" Se le ha olvidado decir que 30 millones de euros, salvo si
te toca la Primitiva (y ni eso, ni que te los de tu padre que es Rey de
España -ese te da como mucho 1,2, para el alicatado del palacete-), no se
consiguen más que de una manera: RO-BAN-DO. Robando y punto. Hay muchas
formas de robar. Unas sofisticadas y otras a lo Bárcenas, pero el ser
rico tiene, a esos niveles, un componente de maldad que te cagas, sí o
sí. Perdón por la disgresión.
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