A mi no me parece tan fácil corregir un texto propio. A la tercera lectura del borrador ya lo leo mecánicamente y omito o no consigo ver evidentes faltas de concordancia en el texto, repeticones y erratas, no digamos ya con la sucesión de ideas, que en principio parecen inamovibles y al tiempo les aparecen todas sus flaquezas. Pero es que además, cuando releo pasada una temporada, me resulta tan chirriante que me cuestiono casi siempre y sistemáticamente la oportunidad de lo escrito. Lo veo en todos sus defectos, lo que en ello hay de impostura, de pomposidad innecesaria, de pedantería, enfin. Así que, por una cosa o por otra, no suelo hacerlo en exceso y menos pasados los días, de manera que siento que me muevo sin red y que la deriva del conjunto de lo que escribo camina a la buena de Dios, quizá hacia la irrelevancia, que es lo peor que le puede pasar a un texto. Y a pesar de todo lo anterior, siempre he sentido un impulso (más bien esporádico que sistemático) por seguir expresándome por escrito. ¡Qué cosa rara! |
Este blog tiene un título poco original. Al menos tan poco original como su autor. No obstante, como otros autores tan poco originales como él, pretende fijar sus opiniones en contraposición a la opinión dominante. Que lo consiga o no es otro cantar, teniendo en cuenta lo presuntuoso del asunto. Aún así, quizá, alguna cosita, por pequeña que sea, pueda servir para la reflexión de alguien. Ya está. No haría falta más.
domingo, 17 de febrero de 2013
SOBRE LA CORRECCIÓN DE TEXTOS, EN RESPUESTA A BEGOÑA EGUILUZ
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