Me llega alguna crítica por meterme con Cristiano Ronaldo y se me
pregunta si considero igual de "gilipollas" a todos los aficionados del
Real Madrid. Por supuesto que no. De hecho no los considero distintos a
los de ningún otro equipo, llámese Real Sociedad, Bilbao o Barça (entre
los que me encuentro). En realidad yo no hablo de fútbol porque el
fútbol ya no es sólo fútbol; se ha convertido en otra
cosa: es "fútbol-espectáculo" y, en este sentido, se ha prostituido. Se
ha convertido básicamente en el negocio de unos pocos y, en el fondo,
todo gira alrededor del negocio de esos pocos: desde las camisetas que
nos piden los chavales hasta los aficionados que se abonan al Canal Plus
Liga, pasando por los nuevos esclavos del siglo XXI que son los
jugadores, que se compran y se venden.
A Fernando Llorente le
han acusado, entre otras lindezas, de pesetero, de "haber traicionado al
espíritu del club que le ha dado todo desde pequeño", cuando lo único
que ha hecho Fernando Llorente es jugar a las cartas del negocio en el
que está metido, lo que me parece no solo muy bien -porque a él el
Athletic no le va a renovar si deja de meter goles y además se lo
quitará de encima en cuanto pueda, por la menor cantidad de dinero
posible, sin pensar si eso es bueno o malo para Fernando Llorente-, sino
que me parece también el único acto de rebeldía que se le conoce. Así
que, en ese sentido (y sólo en ese), me parece que ha hecho lo que tenía
que hacer largándose a otro equipo que le paga más y en el que va a
estar mejor. Son las reglas que ustedes han puesto, señores dueños del
negocio; ahora no se quejen. Y también en este sentido (y solo en este
sentido), los aficionados que le llaman pesetero se convierten, por cosa
de este mismo negocio, en tontos útiles del mismo.
Así que
Cristiano Ronaldo no es, en el fondo, más que otra pieza del engranaje.
Para este bussines los jugadores son de usar y tirar. El indudable
potencial de este chico (Cristiano no es tonto, desde luego) se ha
quedado hecho jirones en esta pose en gayumbos de la foto. Es un juguete
roto. Y cuando oigo a algunos de sus compañeros que "hay que darle
cariño" (Coentrao, Alonso...) no puedo evitar sentir un poco de pena, ni
dejar de pensar que no son libres para decir lo que otros podemos
decir. Y cuando le doy el premio al "Gilipollas de la Semana" (que se lo
ha ganado a pulso) o digo que le hubiera hecho falta una buena madre
que le diera un buen par de tortas, no tengo ni idea de si empleo la
expresión afortunada o de si ha tenido o ha dejado de tener una madre
así. Es simplemente una forma de explicar gráficamente que no parece
tener detrás a nadie que mire por él, que le aconseje
desinteresadamente, preocupado por lo que el chaval pueda necesitar para
crecer como persona, y no solo como el increíble delantero que es o
como la gallina de los huevos de oro que es.
Y permítaseme no
sentir pena por Cristiano. Pena me dan aquellos chavales que realmente
no han tenido ni una puta oportunidad en esta vida y se bandean a
cabezazo limpio desde un centro de acogida a un centro de
desintoxicación, desde un centro de reinserción a un centro
penitenciario o desde un centro para menores no acompañados a un taller
ocupacional. Y vuelta a empezar. Y cuando alguna vez alguno de ellos
sale adelante con tesón, esfuerzo y valentía, se convierte para mi en el
verdadero Cristiano Ronaldo que Cristiano Ronaldo no es. No es
demagogia; como sabéis algunos de vosotros, yo veo todos los días a
chicos como éstos. Afortunadamente.
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